Quisiera decir que siempre me he podido describir así, que siempre he sido esa ¨mala¨ mujer y que siempre he tenido en mis manos el timón de mi vida. Sin embargo, hasta hace algún tiempo era otra. Una chica tan loca movida por sus impulsos, tan espontánea e irracional, amante de los riesgos y la adrenalina, sin miedo a nada y viviendo la vida con alegría, creyente de que el amor siempre es y será el mejor motor, que no hay mejor estado de ánimo que el estar enamorada y que la verdadera felicidad te la da el ser amado. Pero entonces, un día inesperado todo cambió.
Dicen
que de los errores se aprende y que uno viene a este mundo a equivocarse, sin
embargo, comencé a equivocarme con mucha frecuencia y lo peor era que parecía
no aprender de cada tropiezo. Comencé a amar a personas que
no lo merecían, comencé a olvidarme de amarme a mí misma. Empecé
a dar todo a manos llenas y a cambio sólo recibía falsas esperanzas, las mismas
que se esfumaban, inclusive llegué a conformarme con migajas. Tonta e
ingenuamente siempre estuve ahí para aquellos que me necesitaban y cuando yo
los necesité… se marcharon. Me entregué
entera sin importar que conmigo se dieran a medias. Me esforcé por dar siempre
la mejor versión de mí, por hacer de lo imposible lo posible y perdoné tantas
veces que perdí la cuenta y en mi menor error, sólo fui juzgada.
Fui de las mujeres que se entregan completas,
que saben amar como ya pocos merecen. Fui de las que conquistan con detalles,
con tiernas palabras y dulces mensajes, de las que muestran preocupación e
interés por el ser amado, de las que aunque la situación se ponga difícil no se
hace a un lado. Esas que siempre están disponibles para el que aman, que lo
anteponen hasta por encima de sí misma. De las que dan a manos llenas. De las
que regalan sueños y sonrisas. Fui en algún momento, pero ahora ya no. ¿Qué me pasó?
Dejé de creer en el amor, me rompieron una y otra vez el corazón.
No
puedo recordar en que momento me perdí, mis conquistas comenzaron a ser mal
elegidas. Comencé a pensar en el pasado y aunque ya no tuviera nada nuevo que
contarme u ofrecerme, volvía allí por alguna extraña razón. Y por más que me rompieran, continuaba creyendo en el amor, me
entregaba aun con mis heridas abiertas. Creí mentiras y perdoné
errores, errores tan graves que más me rasgaban el alma. Perdoné engaños y
entre tanta estupidez, comencé a bajar la mirada y tragarme palabras.
No
culpo a nadie, las malas decisiones las fui tomando yo y con ellas cada vez me
rasgué más el corazón. Y un día ya no pude más, me
rompí completa, toqué fondo e hice trizas cada parte de mi ser. Me
ahogué con mis propias lágrimas, escondí las sonrisas y tiré a la basura las
esperanzas. Cada uno de mis sueños se esfumó, perdí el brillo de mi mirada y mi
sonrisa simplemente se apagó. Llegué a odiarme tanto como nunca había odiado a
nadie, no podía creer cuántas veces me fallé, cuántas veces me decepcioné,
cuántas veces me prometí y no me cumplí y cuántas veces dije que sería la
última vez y no fue así. Y así fue como me convertí en otra mujer, una
completamente distinta a la que fui. Mucho me costó levantarme pero finalmente
me reconstruí. Dicen que me volví fría, insensible, pero nadie
sabe que hay detrás de mi nuevo yo y cuántas cicatrices llevo en el corazón. Me
prometí no volver a llorar y ésta vez lo tengo que cumplir. No volverme a
fallar...
“La mayoría determina que detrás de una
persona fría sólo hay una mala experiencia en el amor pero…”
La
mía no había sido sólo una mala experiencia, eran muchas, tantas que perdí la
cuenta. Fueron muchas traiciones, muchas mentiras, engaños, tantos dolores que
creo que finalmente me anestesié. Hoy finalmente el sol ha salido nuevamente
para mí y es que puedo ver que nunca merecí lo que viví. Yo me entregaba
sinceramente y a cambio sólo recibía traición. Y como si
fuese un mal chiste siempre se repetía la misma acción, pasaba inesperadamente
a ser la segunda opción. La mujer que los reconstruía pero a la
cual destruían.
Ahora
la nueva mujer que soy, la "mala" que
la gente apoda, se ha olvidado completamente de amar, definitivamente me niego
a algún día volverme a enamorar. No deseo sentir, no deseo confiar y no deseo
volverme a entregar jamás. Y es que cuando se ama de la
forma en que amé yo y se deposita toda la confianza en el ser amado y sólo te
lastiman y te rompen el corazón, difícilmente uno puede creer que la próxima
vez no será igual. Yo simplemente ya no me arriesgo y ya no me
la juego por nadie, la apuesta más alta la he hecho por mí misma y no voy a perder esta partida.
No
derribaré ningún muro de los que he puesto en mi corazón, mucho menos para que
en él entre cualquier "cabrón". Todos
dicen que soy "mala", pero se perfectamente que sólo sigo lastimada aunque
aparentemente ya no. Me pesa el pasado y tengo heridas que aún no han
cicatrizado. Muchos podrán criticarme o juzgarme pero aprendí que nunca debe de
importar el qué dirán, nadie conoce verdaderamente mi historia y por todo lo que
pasé para ser llamada "una mala mujer". Sólo yo me puedo juzgar, me puedo aplaudir y me puedo alentar a
continuar, sólo yo conozco mis demonios, mis miedos, mis sombras y cada herida
que tengo. No importa lo que digan los demás, fui y tal vez aun
soy, una mujer con una gran capacidad para amar.
No
he de negar, que pasado el tiempo me he vuelto a entusiasmar, pero siempre
ocurre lo mismo: salgo huyendo apenas me despiertan algún sentimiento. Si, ¡soy
una cobarde! Que no le hace frente a lo que quiere y siente, pero no he de
permitir que alguien me vuelva a lastimar y eche abajo lo que tanto me costó
levantar. Sé que dentro de mí aún está la mujer que alguna vez fui, sin
embargo, de ahí no habrá de salir. He
elegido la libertad y soledad a costa de mi "felicidad", sin importar
que muy en el fondo desee volverme a enamorar y entregar. Hoy mi
libertad e independencia aleja a los hombres, no importa cuánto luchen por
quererme conquistar, en mi predominan la seguridad, la rebeldía y el
desinterés. Me he de olvidar del sueño de ser amada, respetada y valorada, a
veces hay precios altos que pagar, y yo lo he de pagar con tal de que no me
vuelvan a lastimar. Me hirieron tanto que el amor perdió encanto y tal vez
falsamente soy feliz, mostrándome así como una "mala mujer", aunque
por dentro sólo sea un alma rota deseando que la vuelvan a reconstruir.
Tal vez un día no muy lejano lo haré, volveré a amar. Terminaré por bajar la guardia ante un hombre que de verdad me quiera conquistar, un hombre de verdad, que desee amar y ser amado, que me valore, me respete y me haga sentir especial a diario. Un hombre que me demuestre que no todos son iguales. Un hombre que me lama heridas y las sane. Que me proteja incluso de mi misma y que con paciencia y amor me ayude a ser, la mujer que alguna vez fui.

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