lunes, 4 de febrero de 2019

Algo que decirte...


Yo, quien me había cerrado a historias de amor, yo, quien me había bloqueado para no querer a nadie, ahora estoy frente a ti, frente a ti que acabas de derrumbar todos los muros de mi corazón… Un corazón que rompieron, un corazón que fue dañado… Y ahora estoy segura de lo que haré… Te lo entrego, completo, aunque es frágil y deberás cuidarlo bien.
Hay tanto que debes de saber de mí.
Hay tantas cosas que quisiera que supieras, que entendieras.
Y sé que el tiempo hará que conozcas todo de mí, que conozcas cada parte, cada secreto, cada manía.
A estas alturas debes de saber que me encanta leer, que me apasiona escribir, que puedo escribir de cualquier cosa y de nada a la vez, que tengo un sueño, de publicar un libro algún día, que quiero devorarme mil libros, que quiero recorrer el mundo…
Conoces mis manías locas, como cuando me trueno los dedos, o cuando empiezo a hablar mucho porque estoy nerviosa.
Es bueno saber que compartimos muchas pasiones, que me motivas, que te motivo, que juntos somos mejor.
Me gusta saber que cada quien tiene su vida, sus momentos, sus actividades, saber que al final del día tú estarás ahí para contarte, para hacerme sentir bien después de la rutina, que aunque estemos lejos estás.
Quiero que sepas que no soy perfecta, que he ido por la vida equivocándome como no tienes idea, pero también estoy orgullosa de las cosas buenas que he hecho, de lo que me ha pasado, pues todo lo bueno y malo tiene su aprendizaje.
Quiero que sepas que cuando estoy contigo, sólo puedo ser yo, que tú me haces sentir única, especial, y que contigo sé que nada puede dañarme y que puedo mostrarme tal como soy.
Te voy queriendo, te estoy queriendo, y quiero quererte un buen rato. No sé si días, meses, o años… No sé dónde estemos mañana…

Pero si sé que hoy quiero estar aquí, allá, o donde tú estés.

Quién te invitó...


Nadie lo ha invitado a pasar, nadie quiere su presencia, es un invitado non grato. Pero a el no le importa, no pide permiso, no necesita invitación, se busca mil artimañas y se cuela por donde puede. 

Una vez dentro, en medio de tanto invitado, pasa desapercibido, comienza su baile en el salón y nadie repara en su presencia. Pero ahí está el, campeando a sus anchas y haciendo de las suyas, sigiloso y de puntillas cual ladrón de guante blanco.

Y por esas casualidades de la vida, me tropiezo con el, me saluda y me invita a bailar. Amablemente le devuelvo el saludo y por educación, que para algo me la enseñaron desde chica, acepto bailar con el. No le conocía y ojalá nunca lo hubiese conocido, ese baile fue el comienzo del baile más terrorífico de mi vida.

¿Quién te invitó? ¿Quién te dijo que me saludaras? ¿Por qué a mi? ¿No podías haber dejado mi vida como estaba?

Pues es tan sencillo como que era una más de las invitadas a esta fiesta de la vida y se tropezó conmigo, como con tantos otros que aceptaron sin poder evitarlo el bailar con el más feo de la fiesta, sin saber lo que eso iba a significar.

Llegaste a mi vida sin ser llamado ni buscado, pero te metiste hasta los tuétanos y me fuiste comiendo por dentro. Elegiste la habitación de mi cuerpo que se te antojo, y no pude prohibirte la entrada, cuando me di cuenta estabas completamente instalado en ella y te hiciste dueño de la misma. 

Y ahí comenzó mi lucha para desalojarte, habías invadido y arrasado parte de mi propiedad privada y querías más habitaciones, tu ansia por poseerla era imparable. 

Pero me dije, no, no vas a poder conmigo, soy una guerrera y lucharé con todas mis fuerzas para acabar contigo. Con las mías y las de todos los que me apoyaban y ayudaban a combatirte, porque sin ellos, sóla ante tan peligroso enemigo dudo que hubiese podido.

En mi cabeza tan solo una frase "en el amor y en la guerra, todo vale". Pues la guerra había comenzado, abiertamente te la declaré y fui a por ti con todas las armas habidas y por haber. Cada vez que mi mirabas, lo único que veía en tus ojos era muerte y olías a final. Pero no te lo iba a permitir, tu no me ibas a ganar la guerra. 

No diré que no tuve miedo, tuve y mucho, temblé, lloré, grité, maldije hasta no poder más, sufrí e hice sufrir mucho a aquellos que me acompañaban, pero que a pesar de todo no me soltaron jamás la mano. No me faltaron palabras de aliento, caricias en los momentos más duros e incluso payasadas que me hacían sonreír, bailaron conmigo ese baile terrorífico sin flaquear al menos ante mis ojos.

El enemigo era muy poderoso, fuerte y firme, se resistía a los envites, empujones, sacudidas y golpes que se le iban dando. Pero el buen guerrero si tiene que morir, debe ser con las botas puestas y empuñando el arma con fuerza.

Nunca perdí la esperanza, me asía a ella como a un clavo ardiendo. Y de pronto un buen día, el poderoso recibió un disparo certero, tan certero que lo debilitó hasta la agonía y muerte. Le habíamos ganado la guerra, sí habíamos, no era una guerra sólo mía, era la guerra de todos los que con sus ánimos, fuerzas y su lucha sin cuartel permanecieron a mi lado hasta el final de la misma.

La guerra había acabado, y salimos victoriosos. Le ganamos al invitado non grato, su nombre es CANCER y su apellido DESPIADADO.

No siempre se le puede ganar a un enemigo tan poderoso, pero jamás hay que abandonar la lucha, porque en ese preciso momento has perdido la guerra.

Desde aquí, animo a todos los valientes guerreros que están en esa lucha sin cuartel, no perdáis nunca la esperanza, porque poder se puede.