viernes, 18 de noviembre de 2016

El sabor mágico del Otoño



Y el otoño ha llegado oficialmente, en el ambiente, ya se empieza a respirar un aire distinto... Hay otros aromas a nuestro alrededor y éstos nos transportan a otros momentos. Las hojas ya están cambiando de color, el viento sopla de forma distinta, los atardeceres son de un ocre más intenso y ya comenzamos a vestir alguna que otra prenda más. Las chaquetas con bolsillos, hacen su aparición.


Me gusta pensar que en esta época, lo que nos rodea, lo que parece invisible a los ojos, se nos hace más evidente y logra no pasar desapercibido, moviendo dentro de nosotros algo especial.



Estamos en ese tiempo del año, en que lo que apetece refugiarse es casa más temprano, escuchar música, viajar mentalmente a otros rincones del mundo, y observar a la naturaleza.


Cada otoño es diferente, pero a las personas que nos han institucionalizado yendo al colegio, no podemos evitar pensar en el olor a lápices nuevos, en estrenar un estuche o una mochila, en cuadernos nuevos, en el olor a goma de borrar, en las tizas que había en las escuelas, en los libros nuevos y prestados...

Aunque hayan pasado ya muchas lunas desde que no voy al colegio, sin duda, sigue habiendo dentro de mí una niña que busca ese Septiembre. Pero también existe la "adulta" que ahora disfruta de los paseos en bici, descubriendo el color rojizo de las bayas que hay alrededor, viendo como los árboles deciden esperar a enrojecer, o cómo el manzano espera pacientemente, a que pase el veranillo de San Miguel, para ofrecernos manzanas rojas, amarillas, reinetas, etc. Sin duda es una época de contraste en los colores. ¡Que viven y resaltan con intensidad! El Otoño, es ese largo atardecer, que la vida nos regala, y que lo hace siempre al despedirse, antes de entrar en un letargo diferente...


Por eso os invito a encontrarnos con el Otoño, que cada persona se le presenta... Puede ser de mantita, acogedor, con tazas de café rondando por doquier y libros que esperan a ser leídos y subrayados o comentados, con alguna que otra alma gemela que se acerque... O tal vez, vuelve a ser el Otoño de antaño, porque pequeñas personitas inician su recorrido por primera vez con los lápices y todo lo que nos recuerda a esos momentos escolares que nos acompañan de nuevo al vivirlos otra vez... O quizás, es el Otoño de la reflexión, de pasear por la naturaleza, por rincones desconocidos, tal vez, haciendo senderismo o acercándonos a los árboles y descubriendo los cambios que están experimentando...

Pero sin duda, el Otoño es la época de la melancolía, esa en la que brotan de manera natural las vivencias agolpadas en nuestra cabecita, bien guardadas en un baúl del que manan recuerdos...

sábado, 8 de octubre de 2016

Y de repente, un extraño

Caminas por la vida con el corazón roto, lleno de tiritas tapando heridas, desilusionado, frío y jurando que nunca más volverás a creer en el amor, sólo hace daño, tarde o temprano dolerá. Estás completamente convencida que los "príncipes azules" no existen, ni siquiera desteñidos. Te prometes una y otra vez, que nunca más dejarás que alguien te vuelva a dañar como lo han hecho en el pasado, y sin pensarlo, haces un pacto de sangre con tu amiga soledad, después de todo, ella nunca te va a defraudar, será tu más fiel compañera. Dejas de buscar, no deseas nadie nuevo y creas una muralla cual fortín a tu alrededor para evitar que alguien se acerque, dejas de creer que realmente exista una persona que pueda ver y valorar lo que eres, alguien que pueda amarte como te mereces y te demuestre que el amor sí existe. 
Y de pronto, sin esperarlo y de esa manera en la que la vida nos sorprende a veces, llega alguien a tu vida y la revoluciona. Sin pensarlo, sin quererlo, sin buscarlo, sin tenerlo previsto. E inevitablemente, te crea un verdadero caos, porque poco a poco se va metiendo y comienza a derribar eso muralla que tanto te protegía, y te da miedo, y tanto, te prometiste tanta veces ni una vez más, que lo único que se te ocurre, es salir corriendo. Pero algo te detiene, se apodera de ti es impaciencia y curiosidad por descubrir ese universo nuevo para ti. Y empiezas a darte cuenta de que alguien que cambia tu vida, la revoluciona  y te hace empezar a ver las cosas distintas, no es casualidad, son muchísimas casualidades juntas. Y la casualidad, a veces, es muy valiente...
Por supuesto que al principio te asaltan las dudas y te preguntas si quizás es simplemente otra persona más que volverá a hacerte daño. Y ves como lo negativo se va desvaneciendo, porque te sientes feliz, sí, feliz de verdad, y cualquier pensamiento se vuelve optimista. Y es que la vida no tiene porqué ser difícil y complicada. Somos nosotros, los seres humanos los que complicamos todo. Nos gusta darle miles de vueltas a cada pensamiento, buscarle significados ocultos a cada frase y dudar infinitamente de todo. Pero lo comprendes y te das cuenta de que eso, ya no es necesario. Que todo es claro y simplemente genial, que tu corazón merece una oportunidad y lo abrirás poco a poco para dejar que esa persona entre.
Y descubres que es el tipo que siempre has deseado tener en tu vida, porque al fin entiendes, que la pasión es compatible con la admiración, el humor y la ternura. Porque cuando hablas, te escucha de verdad, y ante sus ojos, nunca te sientes estúpida porque no te juzga, porque no ve en ti a alguien sólo para divertirse. Porque nunca te habías sentido tan bien en compañía de alguien, ni tampoco sabías que se pudiera sentir un sentimiento parecido por alguien. Porque estar a su lado te trasmite la paz y la tranquilidad que siempre necesitaste. Sabes que no hay lugar en el mundo en el que puedas estar más segura que entre sus brazos, agarrada fuerte de su mano. Que no hay nada más bonito que darle un beso, mirarle a la cara y decirle cuánto le amas. Sientes que a su lado las cosas son más sencillas porque lo hace todo más práctico y divertido. Y que, aunque a veces, las cosas se pongan difíciles, te impulsa a luchar, a sacar la mejor versión de ti, a no darte nunca por vencida. Te enseña a disfrutar del presente, a soltar el pasado y te ha inculcado el maravilloso poder del ahora. Hace que tu risa sea más fuerte y tus ojos más brillantes. Te cambia la vida desnudando tus miedos, abrazando tus demonios y besando tus defectos. Toca tu alma de tal manera, que quizás sin quererlo, repara tu corazón. Indudablemente, marca un antes y un después en tu vida, produciendo una catarsis en tu ser… Te hacer creer nuevamente en el amor.

Y es así, como de pronto llega esa persona, la que no imaginamos, la que no buscamos, pero la que siempre estuvimos esperando y se nos terminan las palabras para explicar el amor que sentimos. Sólo sé que hay personas que, simplemente, aparecen, te iluminan la vida y la hacen mucho mejor. Y él, es una de ellas.


Chocazo de realidad


Eres guapa, o quizás sólo muy atractiva. Tu Facebook y tu Instagram están poblados de fotos tuyas en mil y una poses. En serio, eres realmente guapa o verdaderamente atractiva. Tienes un cuerpazo moldeado a base de sacrificio en comidas limitadas y horas de gimnasio, demuestras tener fuerza de voluntad en las cosas que te interesan. Admiro esa capacidad tuya de mantener una sonrisa perfecta para cada foto, de conocer tus mejores ángulos y no dejar que ninguna circunstancia muestre ni por asomo ninguna falta de perfección. Porque eres tan guapa, o tan increíblemente atractiva, que nadie puede dejar de poner sus ojos en ti. 

A veces apareces acompañada de ese chico, sí, ese que es como tu alma gemela, como tu versión masculina de perfecta belleza. Hacéis tan buena pareja…

Pero entonces sales de tus redes sociales, regresas a tu habitación y, al cerrar los ojos para dormir, sientes el frío desasosiego del vacío. Esa es la realidad, que te acosa y te amenaza, que te nubla la vista y destroza tus sueños. Todo deja de ser perfecto. Ya no hay poses ni modelos, no hay más “like” que el que debes darte a ti misma frente al espejo de tu conciencia. Hubieras querido ser algo más, añoras tener una familia o disfrutarla más, unos amigos de verdad con los que reír con el café de la mañana, un novio sencillo que piense más en hacerte feliz que en ser feliz contigo, unos estudios o, mejor, una mente que deslumbre. Echas de menos ser más auténtica y no tener que justificar una vida de escaparate, falsamente ajustada con los alfileres que no se ven sobre el maniquí en el que te has convertido.

Y te cabrea que nadie valore cómo eres en esa realidad que descubres cada noche al acostarte, que nadie sepa cómo te emociona una mirada, un gesto, una palabra a tiempo, un paisaje… No soportas que lo que más valoras de ti pase desapercibido para los demás. Pero es que fuiste tú la que decidió poner frente al público todo eso que los demás ven, elegiste complacer antes que complacerte. Ahora que tus ojos se cierran vencidos por el cansancio del largo día, querrías abrirlos a otra realidad más humana y verdadera, pero no te quedan fuerzas. Tal vez mañana sea el día. En el fondo sabes que volverás a amanecer entregada a la falsa perfección que te aleja de tu ser más verdadero, porque tienes miedo de que esta sociedad no te acepte tal y como eres, que los demás te sientan débil o, simplemente, distinta. No quieres alejarte de los modelos que alguien, qué sabe nadie, quién sabe quién, ha dispuesto para ti y los que viven en ese mundo tuyo.

Llevo un rato viendo tus fotos. Les encantas. Eres tan guapa, o al menos tan atractiva, para todos. Pero puedo sentir ese grito ahogado de tu realidad intentado salir de ti, asomando casi a tus labios tan perfectos en esa sonrisa tan perfecta como falsa y entonces es cuando de verdad te vuelves atractiva para mí, porque me encantaría darte la mano para sacarte de ese pozo donde te hundes con cada publicación vacía pero bonita. Ya, mis manos no son perfectas, ni abrazan pesas por gimnasios ni sujetan botes de batidos milagrosos, pero mis manos son más fuertes que ésas porque sujetan vidas, porque traen felicidad a quien las toma, porque siempre están abiertas para dar…

Ya lo sabes, estás a tiempo, despierta y regresa a ti. Si te da miedo, toma mi mano. Prometo no soltarte hasta que puedas caminar sola de nuevo por el mundo real y seas auténticamente guapa, aunque sólo lo seas para ti y nunca dejes de serlo para mí...

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Te lo cuento o te lo explico...

Mis verdades y yo, seguramente no serán grandes verdades, tal vez para alguien ni si quiera sean verdad. Tampoco es algo tan importante, a mi me valen, a mi me curan, o tal vez, me avivan las heridas... ¡Depende del momento!

Intentando ser normal... Escondiendo mis respuestas en el fondo del armario, de donde creo, que no deberían haber salido.

Los bares nos han descubierto, nos abren los brazos y nos dejan ahogar miserias entre sus barras. No es una solución cambiar, lo sé, pero las fuerzas ya no son lo que eran y yo tampoco, quizás los años me volvieron cobarde o tal vez, no fueron los años...

Mi vida está plagada de equivocaciones, me equivoqué esperando que un lobo se vistiera no de cordero, sino de persona. Evidentemente no lo hizo, y yo me vi en demasiados callejones, me reconocí en demasiadas miserias. Pero aquello, el final de aquello, era una ventana llena de esperanza. Suena estúpido, pero... volver a ser, era todo un reto. Recuperar las cosas perdidas, empezar desde cero, o desde menos diez. ¡No importa! Era volver a sentir a pesar de lo que dolía, había demasiadas esperanzas como para bajar los brazos.

Ahora, las esperanzas no aparecen, los retos, ya no están. No hay nada que volver a ser, porque llegué a serlo, volví a ser Yo, sin corazas, sin caretas, sin mentiras. Volví a ser la imagen del espejo y mis verdades a bocajarro. Volví a ser, sin más.

El fracaso ahora, es una cruel conclusión, porque ya no hay posibilidad de cambio, ya no hay disfraz al que echarle la culpa. El fracaso es mío, no abandoné mis sueños, no cambié para buscar complicidad, no alteré mi carácter para evitar conflictos, fui simplemente yo... Y no sabría explicar porqué esa primera persona del singular, ahora, no encuentra tiempo verbal en el que reconstruirse. Absurdo quizás... seguramente.

Y aun así, me empeño, doy pasos, camino, hago planes y alquilo habitaciones en castillos de arena, aunque quizás, las pido sin ventanas... 


Mala compañera de viaje

Todos hemos sentido envidia alguna vez, es inevitable, es parte de ser "humano". Lo realmente importante es que hacemos con ese sentimiento. Si la envidia no se controla y, por el contrario, crece y crece, en lugar de quedarse en el pensamiento, puede pasar a la acción y ahí transformarse en algo muy peligroso. Una persona con envidia, puede hacer mucho, mucho daño. Puede planear venganzas, puede hacer que nos quedemos sin amigos, puede hacer que dos personas que se quieren se alejen, puede inventar rumores sólo para perjudicar a otro. Además este sentimiento tan común, puede llegar a ser altamente autodestructivo si no se domina.

La envidia es un fenómeno psicológico, un sentimiento muy negativo, que hace sufrir en demasía tanto a los envidiosos como a sus "víctimas". El envidioso es un insatisfecho, un frustrado, que siente consciente o inconscientemente rencor contra las personas que poseen algo, ya sea belleza, dinero, poder, éxito... y que el no puede o no quiero desarrollar o tener. Experimentan un ansia insaciable de destacar, de ser el centro de atención, de ser el más y el mejor en todas las circunstancias.

¿Por qué el y no yo?, se pregunta el envidioso, que no acepta de ninguna manera el triunfo ajeno, sobre todo, cuando la persona envidiada no tenía nada y por su esfuerzo o suerte o por la razón que sea ha logrado tener alcanzar el todo. No hay nada más envidiable en la vida que la suerte de quien posee el "juguete" que deseamos tener. De modo que esta competencia abierta, en la que uno ambiciona en ser o tener lo que otro posee, es casi natural que el envidioso busque por todos los medios la caída de su "rival", impulsado por esa creencia innata de que nadie es tan capaz y perfecto como él mismo.

En la envidia, todo vale, la ley de la selva o el sálvese quien pueda o tonto el último. Los envidiosos, para lograr la caída de su rival, insultan, difaman, acusan, y lo que es peor, cuando ya se quedan sin esos argumentos, hacen de la mentira una verdad y esa verdad la convierten en basura, suelen ser como serpientes venenosas o navajas de doble filo. Hay que cuidarse de los envidiosos, te dan el beso de Judas, te clavan el cuchillo por la espalda.

La envidia es el pecado capital del individuo y la hermana gemela de la hipocresía. Los envidiosos en potencia, que viven "a Dios rogando y con el mazo dando", tienen un denominador común, suelen ejercitar la maledicencia y el gusto por encontrarle defectos al sujeto es cuestión, con el fin de exaltar sus debilidades y menoscabar sus virtudes. En el mundo del arte, de la cultura, de la política y por supuesto, del periodismo, abundan quienes conspiran a espaldas de los que ejercen su misma profesión, de ahí viene el dicho "Tu colega es tu peor enemigo", debido a que la debilidad con los colegas, no sólo en el celo y el odio, sino en la traición también. En cuantos momentos de la vida, el amigo de mayor confianza por pura envidia puede trocarse en el enemigo más irreconciliable.

Cuando alguien como nosotros logra lo que para nosotros era un sueño, cuando otro consigue algo a lo que ya habíamos renunciado, nuestro ego a veces no puede soportarlo, sobre todo si ese alguien, ese otro, está cerca en el tiempo, en el espacio, en edad o en reputación. Porque no es el coche, la casa, el traje o el éxito profesional o personal lo que está juego, sino nosotros mismos, lo que valemos o lo que somos capaces de hacer. Esto sólo pone de manifiesto una diferencia insoportable e inesperada, al demostrarse que ese sueño para nosotros prohibido es posible para el otro.


El envidioso está acostumbrado a meter cizaña con el propósito de lograr sus objetivos, a base de engatusar y confabular mentiras. ¡Ojo! El envidioso se disfraza casi siempre de amigo, como el lobo de oveja, para causar daño en el momento más inesperado, pues es un ser muy astuto, aún siendo un pobre diablo, que se ufana de tener más sapiencia y experiencia. Cuando en nuestra vida aparezca un envidioso, lo mejor es caminar con los oídos tapados y los ojos bien abiertos, para no escuchar los falsos cantos de sirena y no caer en las trampas que va dejando a su paso.
  
La envidia no perdona a quien llega a lo más alto de la pirámide ni a quien alza el vuelo por encima de los demás. La envidia es un arma muy poderosa que puede causarte la mayor herida y la peor agresión. No envidiemos, seamos felices con lo que tenemos sin dejar de luchar, que nos causen alegrías los éxitos de los demás o las metas logradas por ellos, y no olvidemos nunca, nunca, que LA ENVIDIA ES MALA COMPAÑERA EN EL VIAJE DE LA VIDA Y MUY MALA CONSEJERA...