domingo, 8 de octubre de 2017

El sabor mágico del otoño



Y el otoño ha llegado oficialmente, en el ambiente, ya se empieza a respirar un aire distinto... Hay otros aromas a nuestro alrededor y éstos nos transportan a otros momentos. Las hojas ya están cambiando de color, el viento sopla de forma distinta, los atardeceres son de un ocre más intenso y ya comenzamos a vestir alguna que otra prenda más. Las chaquetas con bolsillos, hacen su aparición.


Me gusta pensar que en esta época, lo que nos rodea, lo que parece invisible a los ojos, se nos hace más evidente y logra no pasar desapercibido, moviendo dentro de nosotros algo especial.



Estamos en ese tiempo del año, en que lo que apetece refugiarse es casa más temprano, escuchar música, viajar mentalmente a otros rincones del mundo, y observar a la naturaleza.


Cada otoño es diferente, pero a las personas que nos han institucionalizado yendo al colegio, no podemos evitar pensar en el olor a lápices nuevos, en estrenar un estuche o una mochila, en cuadernos nuevos, en el olor a goma de borrar, en las tizas que había en las escuelas, en los libros nuevos y prestados...

Aunque hayan pasado ya muchas lunas desde que no voy al colegio, sin duda, sigue habiendo dentro de mí una niña que busca ese Septiembre. Pero también existe la "adulta" que ahora disfruta de los paseos en bici, descubriendo el color rojizo de las bayas que hay alrededor, viendo como los árboles deciden esperar a enrojecer, o cómo el manzano espera pacientemente, a que pase el veranillo de San Miguel, para ofrecernos manzanas rojas, amarillas, reinetas, etc. Sin duda es una época de contraste en los colores. ¡Que viven y resaltan con intensidad! El Otoño, es ese largo atardecer, que la vida nos regala, y que lo hace siempre al despedirse, antes de entrar en un letargo diferente...


Por eso os invito a encontrarnos con el Otoño, que cada persona se le presenta... Puede ser de mantita, acogedor, con tazas de café rondando por doquier y libros que esperan a ser leídos y subrayados o comentados, con alguna que otra alma gemela que se acerque... O tal vez, vuelve a ser el Otoño de antaño, porque pequeñas personitas inician su recorrido por primera vez con los lápices y todo lo que nos recuerda a esos momentos escolares que nos acompañan de nuevo al vivirlos otra vez... O quizás, es el Otoño de la reflexión, de pasear por la naturaleza, por rincones desconocidos, tal vez, haciendo senderismo o acercándonos a los árboles y descubriendo los cambios que están experimentando...

Pero sin duda, el Otoño es la época de la melancolía, esa en la que brotan de manera natural las vivencias agolpadas en nuestra cabecita, bien guardadas en un baúl del que manan recuerdos...

viernes, 1 de septiembre de 2017

Valores en extinción



Me pregunto dónde ha quedado el verdadero amor, ese que se demostraba con detalles tan inocentes como una rosa de la vecina, hasta subir por un balcón sólo para ver a esa persona que se amaba; dónde quedó el valor de enfrentar a todo aquel que se interpusiera entre la relación de ambos; dónde quedaron esas agallas de luchar día a día, para demostrarle al ser amado que sí valía la pena…
Dónde han dejado las cartas, esas que se escribían con lágrimas y que demostraban tantos sentimientos tan sólo en un trozo de papel; dónde quedaron los caballeros que enamoraban con palabras bonitas y que se entregaban a una sola persona, dónde quedaron aquellas damas que se respetaban y respetaban a su pareja, dónde ha quedado ese sentido de complicidad hacia una sola persona.
Regularmente, escucho decir que “Estamos en pleno siglo XXI y que eso hoy en día ya no tiene más importancia” irónico…  Yo una persona del siglo XXI no pone fechas ni años que definan los valores de una persona; para mí como persona, no existe año ni siglos para el respeto, dignidad como persona, entiendo que cada vez existen nuevas cosas, pero yo sin ser exagerada, no dejaré de apreciar lo arcaico; eso que en mi opinión tuvo más valor que estados en redes sociales de ahora, que te amo a través de pantalla.
Yo, como persona de valores, aún valora mucho aquellos detalles que ahora a la gran mayoría ya no le interesan, hubiera querido ser de aquella época donde aún existían las cartas, las amistades sinceras, allá donde aún se valoraba la esencia de la gente y no lo físico, allá muy lejos donde unas rosas eran mejor que una botella de alcohol o un cigarro; donde preferías  pasar una tarde leyendo un buen libro a irte de antros por la noche, donde hablabas con tu familia en la cena y no donde ahora no dejas ni un solo minuto el móvil  cuando te encuentras con ellos.
Creo que yo nunca he pertenecido a este siglo, no puedo entender porqué todos tus problemas de pareja ahora dependen de un simple estado y no de una buena charla, donde tus discusiones ahora sean por fotos y no por un problema real, no entiendo y creo que no podré entender ese punto; si bien comprendo que la tecnología avanza rápidamente, pero jamás podrá reemplazar sentimientos ni valores.

De sinceridad y honestidad



En esta sociedad se vuelve complicado ser una persona sincera. A la mayoría de la gente no le gusta escuchar cuando nos dan a conocer nuestros errores, nos consideramos tan perfectos en nuestra forma de pensar que no aceptamos que alguien más opine sobre nosotros. Nuestro alto ego nos ocasiona guardar rencor con aquellos que piensan distinto o tienen una simple opinión contraria.
Hoy en día la libertad de expresión está a la orden. Es parte importante en nuestra vida, ya que contamos con infinidad de redes sociales, páginas online, vídeos y demás que nos hacen reflejar algunas de nuestras opiniones, las cuales son fáciles de compartir.
Esto no siempre es benigno, ya que en ocasiones se convierte en un problema familiar  o de amistad cuando no sabemos discernir en algún comentario que se comparte. Esto es causa de lo que llevamos interiormente, lo que afecta nuestro pensamiento y nuestro sentir. Simplemente no aceptamos aquello y generamos un conflicto de algo intrascendente.
Hay quienes se toman tan en serio dar un like a cierto comentario que si este no nos agrada, castigamos con un no like. Suena chistoso pero es real. Con esta actitud no generamos mas que un daño superfluo, que no castiga a quien lo publicó, sino más bien a quien lo lee. La persona que publica se libera de sus pensamientos e ideas, contraponiendo la opinión de alguien más, lo que lo hace sentir placentero en su libertad de expresión.
Nuestro interior se llena de porquería continuamente. Culpamos al gobierno, al canal de televisión, a la radio, a la red social, culpamos al vecino, al familiar, en fin. Todos resultan equivocados respecto nuestra sabia opinión, sin darnos cuenta que los únicos afectados seguimos siendo nosotros mismos.
Estamos tan acostumbrados a alimentarnos de lo negativo que ponemos atención al chisme, a los mil muertos que hubo en tal noticia, a las cantidades de drogas que se venden en nuestro país, a la violación, al maltrato de animales, a la nueva enfermedad. No obstante, no quiero decir que omitamos los casos que conmueven al mundo, sino por el contrario que aprendamos a no contagiarnos de lo vil, cuando no somos capaces al menos de despegarnos del televisor para generar algún cambio que trascienda.
Es nuestra actitud lo que genera los conflictos internos que conllevan al estrés diario, a las enfermedades a largo plazo, a los problemas familiares,  de trabajo, de amistad y de mas.
Y es ahí cuando me pregunto: ¿Por qué la sociedad pedimos cambios y no comenzamos por cambiar nosotros mismos?
Estoy segura que al menos alguno de los que estáis leyendo esto se ha sentido aludido por el comentario anterior. Y regresamos al inicio. A la mayoría no nos gusta la sinceridad, inmediatamente que escuchamos alguna crítica sea constructiva o no, bloqueamos nuestra mente haciendo caso omiso a nuestros errores y es ahí donde no salimos del hoyo, pues seguimos con la misma actitud cavernaria.
De nada nos sirve leer historias de reflexión, de amor, de valores, de política, inclusive la misma Biblia que es palabra de Dios, si no somos nosotros mismos capaces de realizar un cambio personal.
Alguna vez en alguna ocasión escuche a una persona decir… ¡No puedes ser sincera, si eres sincera la gente no te va poder ver! ¡Imagínate si todos fuéramos sinceros y anduviéramos por la vida diciendo lo que pensamos de los demás!
Esto me puso a meditar pero sin comentárselo a dicha persona. Era definitivo que no le compartiría mi opinión pues de antemano ya estaba dándome por enterada que no le gustaba en absoluto la sinceridad, de hablarle directamente de mis ideas le generaría una frustración por contraponer su punto de vista, lo cual no me interesa, por ser parte de su negatividad.
Entonces saque esta conclusión… Si la mayoría fuéramos sinceros… la gente pensaría dos veces antes de realizar una mala acción y en caso de que se realizara una mala acción, esta sería señalada por innumerables personas lo que evitaría que volviera a cometerse el mismo error en dos ocasiones continuas.
Si fuéramos honestos y sinceros, no existiría la corrupción y nuestro país no estaría pasando crisis a causa de políticos engañadores, viles y pretenciosos, se reconocería el esfuerzo de los trabajadores y serian remunerados con legalidad.
Si fuéramos sinceros, existirían menos divorcios o quizá estos serian divorcios de común acuerdo, en lugar de divorcios necesarios. Lo que conllevaría a un proceso menos tedioso, que generaría menos niños afectados a causa de los mismos.
Si fuéramos sinceros, los robos a casas, a bancos, instituciones, y demás no se practicarían con la misma frecuencia con la que nos afectan hoy en día. Estos castigarían realmente al infractor y no andarían ladrones paseando por las calles después de una mordida con las autoridades.
Si fuéramos sinceros simplemente no existirían las hipocresías, chismes, engaños, blasfemias, etc. Y  simplemente todos nos diríamos lo que pensáramos sin ocultarnos unos a otros verdades absolutas.
Algunos podrían contradecir mi opinión, lo que es válido. Supongo que pensarían que muy probablemente los conflictos estarían a la orden del día. Sin embargo a mi parecer, con la sinceridad, también vienen otros factores importantes que bien la sociedad debería poner en práctica. Tal ejemplo es la tolerancia, dichos valores nos los hacen aprender en la escuela desde pequeños, lo que es bueno; sin embargo se convierte en simple historia cuando los adultos no somos ejemplo de lo que predicamos para nuestras generaciones.

Bajo mi punto de vista personal debemos respetar la opinión de los demás sin dejarnos afectar por sus comentarios y me incluyo pues reconozco es una tarea difícil pero no inalcanzable.
Gracias a la sociedad y sus avances, somos dignos de disfrutar nuestro hermoso derecho a la libertad de expresión, lo cual nos hace sentirnos desahogados al poder exponer nuestras ideas. Alguna vez te has preguntado…¿Cual seria nuestro entorno si en lugar de tomarnos personal todo aquello que leemos supiéramos respetar la opinión de los demás? Por mi parte considero que la vida seria menos complicada para muchos y el estrés no viviría apegado a nuestro existir.
Somos nosotros mismos quienes nos echamos el costal a la espalda cada vez que nos alimentamos de lo negativo. Estamos afanosos de tener ganancias materiales que nos incomoda si el vecino es mas próspero que nosotros, hacemos lo posible por ser mejor que el de enfrente que en ocasiones intentamos ser piedra de tropiezo para que no logre sus objetivos y hacemos burla de sus errores. Dejamos a un lado la sinceridad inclusive con nosotros mismos no reconociendo los logros de los demás excusándonos con falsedades de las cuales no hemos sido testigos.
La sinceridad sin duda se ha ido desvaneciendo de nuestro ser. Nos revelamos a lo que no nos agrada personalmente…Seguimos cometiendo los mismos errores. Ninguno nos comprometemos a transformar  nuestra manera de vivir. Nos agrada ser aceptamos por su mayoría,  por lo cual no estamos dispuestos a pagar el precio de ser despreciados y cualquiera que decida ser distinto, este es señalado como ingenuo e iluso.
Nos hacemos etiquetas de nosotros mismos algunos diciéndonos devotos, liberales, rebeldes pero sin duda con la misma convicción de agradar a un conjunto sin antes agradar primeramente aquel que nos creo y que nos ha dado las herramientas para una mejor manera de vivir, además de sostenernos en pie por sus misericordias. (Dios)
Pero no todo es triste, siempre existirá alguno que sea VALIENTE y tome la decisión de transformar su vida haciendo un verdadero cambio sincerándose consigo mismo viendo en si mismo los errores que comete para dejarlos a un lado y lograr un cambio trascendental para poner por obra las frases que hemos atesorado como simples recuerdos.
Seamos capaces de afrontar nuestra realidad, no culpemos a otros de la presión que cargamos en la espalda busquemos lo bueno para nuestro propio bien.
“El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos por no recibir cohecho, el que tapa su oído para no oír propuestassanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala:
Éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras. ISAIAS 33:15
Las respuestas las tenemos todas, Dios ha sido quien nos ha mandado una guía para nuestra estrafalaria forma de vivir, hemos hecho de su palabra una simple historia que recordamos sólo en fechas de viacrucis y resurrección. Es nuestra responsabilidad en nuestra actitud lo que genera un verdadero cambio personal  que trascienda a las generaciones venideras. Seamos sinceros y dejémonos de engañarnos a nosotros mismos.

Es tiempo: ¿te atreves?

lunes, 14 de agosto de 2017

Melodías encadenadas


Una hermosa melodía llena de complejos cambios, con una sorprendente estructura acompasada de finos y bellos arreglos; eso es la vida, la vida es música.
Repleta de notas mayores y armoniosas, que contagian de alegría y adornan los momentos más hermosos que tenemos para recordar; que nos llenan de esperanza y fe, que nos calman y nos llenan de ánimo, que nos dan las fuerzas y energías para soñar y trabajar cada día por cumplir esos sueños.
También existen las notas menores, esos sonidos bajos cargados de melancolía, llenos de sentimientos sumamente intensos que generan en nosotros sensaciones inexplicables, recuerdos buenos y malos experiencias agradables y otras que simplemente no deseamos recordar. Sonidos apagados que igual a un silencioso suspiro nos hacen sentir vulnerables, débiles, tal vez tristes, tal vez cansados; pero es parte de la vida, son las notas que marca nuestra esencia, los sonidos que nos hacen sentir que somo seres humanos, que somos mortales y que nos llevan a desear la felicidad y nos impulsan a disfrutar de la vida; después de todo, cómo puede existir la luz sin la oscuridad, cómo puede haber vida sin muerte, como habrá dicha si experimentar la tristeza.
La vida es música…
La vida es música y cada día es una canción diferente, una canción interpretada en vivo y que no se repetirá, una canción que solo quedará grabada en nuestra mente y corazón para escucharla cada vez que viajemos en el tiempo a donde nuestros recuerdos nos lleven; pero al fin y al cabo, una canción que nunca se repetirá, una canción que nadie más podrá escuchar, solo nosotros y solo si préstamos atención y tomamos un momento para escucharla.
Cada día es una canción diferente…
Una canción que en un mismo compás puede llevar notas alegres y notas tristes, una canción que puede estar inundada de compases tranquilos, apacibles y agradables, mezclados con un repentino cambio de ritmo que nos lleve a toda velocidad por una escala de indomables y sensuales sonidos que nos llenen de adrenalina; de unas ganas tremendas de hacerle el amor a la vida a cada instante, o un ritmo poderoso que nos llene de furia y nos lleve a cometer errores, errores que con el tiempo nos dejarán lecciones, algunas que nos marcarán de por vida, pero siempre habrá aprendizaje.
Podemos elegir el ritmo y la tonada de nuestras canciones, pero al fin la vida, como la música, se compone sola, con una fuerza imponente que se abre paso a través de nuestros planes y nuestros deseos, que se creará así misma una identidad propia una historia única y maravillosa.
La vida es música y hay que disfrutarla, apreciarla, sentirla, vivirla; aprovechar desde los más simples y básicos acordes con ritmos lentos, hasta los más alocados y acelerados ritmos que adornen las más hermosas, sensuales, complejas y apasionadas escalas que se fundan en una melodía sublime que nos llene de mil emociones.
La vida es música y aunque no podamos controlarla por completo, sí podemos dejar de ser simples escuchas, y ser los compositores e intérpretes de nuestras propias canciones, de nuestras propias melodías; podemos ser nuestros peores críticos o nuestros más grandes admiradores, podemos limitarnos simplemente a escuchar la música de nuestras vidas y dejar que suene frente a nosotros, o podemos sentirla, vivirla y disfrutarla.
Porque no importa qué tan alegres y movidos sean los sonidos y los ritmos que llenen nuestra vida o que tan lentos, siniestros o melancólicos puedan ser los acordes que adornen nuestros días, siempre habrá canciones nuevas, emociones que nos sorprendan y llenen nuestras vidas de gratos recuerdos, momentos inolvidables que al final formarán un majestuoso y bello concierto al que podremos asistir cada vez que necesitemos ánimo y fuerzas.
Hermosas sinfonías cargadas de pasión, amor y dicha que nos acompañarán para siempre.

La vida es música… Vale la pena escuchar.

sábado, 10 de junio de 2017

En el País de las Maravillas


En el País de las Maravillas, así defino de forma absolutamente irónica a nuestra querida patria, a ese lugar del mundo donde nacimos, que debería ser orgullo para todos y sin embargo, cada día, cada semana, cada año que va pasando, me produce más desasosiego e impotencia, y por qué no reconocerlo, hasta una profunda vergüenza me da el camino que está tomando nuestra sociedad.

Uno de los mayores problemas de la sociedad actual, es que carece o no quiere respetar los valores morales, que representan la guía o el código de reglas que son necesarias para la mejor convivencia colectiva. En consecuencia, si no tratamos de conducirnos en nuestra vida cotidiana, tomando como referencia estas reglas morales o de conducta, estaremos viviendo en iguales condiciones que en aquellas etapas de la historia humana, donde prevalecía la violencia,  la inmoralidad, y el libertinaje como forma de vida, sin medir los resultados de tales acciones.

Y todo esto no es una crítica absurda y vacía, es una realidad palpable y notoria. Es tan sencillo como leer la prensa diaria, ver las noticias de las tres o entrar en las redes sociales. 

Cada día te topas con una o varias noticias que te hielan el alma, algunas casi no das crédito a creértelas. Pero simple y llanamente, es lo que desgraciadamente ocurre. ¿En qué momento hemos permitido que todo llegue a este punto? ¿Cuándo el ser humano se ha vuelto así de inhumano, o es que ya lo era y no se atrevía a mostrarlo? ¿Tanto odio, tanta sed de venganza o tanta crueldad tienen los hombres acumuladas? 

No sé en que momento, quizás ya lo era y sí, tanto de todo eso tiene. Y lo más escalofriante es que muchos se van acostumbrando a escuchar estas "cosas" y con un simple "otra vez" se quedan tan tranquilos, como si con ellos no fuera, como inmunizados ante tanta maldad y crueldad. Caramba, que espalda más ancha tenéis, parecéis competidores de halterofilia.

Y aquí la presente, lo dice bien claro, ni me callo, ni me resigno, ni justifico, ni por supuesto me puedo inmunizar ante toda esta barbarie diaria.


Y por poner algún ejemplo, ahí tenemos al maldito desgraciado que por no aceptar el "hemos terminado" o "hasta aquí he llegado" de su pareja, que hiere su asqueroso ego machista, se venga de ella quitándole la vida con la única justificación "o eres mía o no vas a ser de nadie", ni que fuéramos un objeto que compras con la visa y ya es tuyo de por vida. Y con suerte se suicidará, que ya podía haberlo hecho antes, o será juzgado por asesinato pero cuidado, alegarán enajenación mental y con buen comportamiento en pocos años estará libre y disfrutando de la vida, pero Ella, no podrá, él se la quitó.

Por otro lado, tenemos una mafia de desalmados que utilizan las redes sociales para reírse a carcajadas y mofarse sin ningún tipo de respeto, que ya se les podría quedar la cara deformada de por vida y que la Bestia fuera Bella al lado de ellos, por la muerte de un ser humano. De un torero joven, empezando a vivir, que tan solo estaba desempeñando su profesión, y como en cualquier otro trabajo, ocurren accidentes, muchos mortales. ¡Pues si no te gustan los toros, vete al circo! De una chica que por muy famosa que fuera ella y su familia, no le ha hecho mal a nadie, lo único que ha hecho es intentar librar la batalla del cáncer, y a sus tan solo 41 años, la ha perdido. O de un niño, empezando a vivir, que el cáncer le ha sesgado su vida antes de saborearla, cuya única culpa ha sido tener la ilusión de ser torero, y que nunca podrá ser. Y ahí estáis vosotros, miserables, como hienas al asalto. Dais asco, merecéis el peor de los castigos, porque semejante falta de respeto y humanidad, no creo que ni el mismo Dios os la pudiese perdonar. 

Podría seguir poniendo un ejemplo tras otro y desgraciadamente no acabaría, y con todo esto constato lo dicho anteriormente. 

¡Cómo mantenerse impasible ante esta ola de acontecimientos que están inundando nuestro día a día!

No necesito tirar de hemeroteca, ni entrar en la prensa de hoy o la de ayer, tan sólo con un paseo por mi memoria puedo decir sin temor alguno a equivocarme, que esta sociedad está muy muy enferma, al borde del colapso, y apesta a podredumbre cual bicho muerto.

Sólo queda decir que, o extirpamos el cáncer y enterramos al bicho muerto, o nos comerá hasta las entrañas... 

sábado, 22 de abril de 2017

¡Dichoso qué dirán!


Estoy cansada de vivir en un mundo del “qué dirán”.
Nos importa tanto la opinión de la gente, los comentarios, los halagos. Claro, a veces una aprobación, un piropo, un consejo, es bueno…
Pero vivimos en un mundo donde lo que piensen los demás es de suma importancia y hacemos o dejamos de hacer para dar gusto y eso no es justo.
Quiero hacer lo que quiero sin miedo al qué dirán, sin miedo a las habladurías, a los chismes, a las traiciones, a los prejuicios...
Si haces las cosas mal eras mala y si haces cosas bien eres tan buena que te tachan de tonta, de ingenua, de anticuada. ¿Qué es lo que quiere la gente entonces?
Bien dicen… !Nunca llueve a gusto de todos¡
Y ¿saben qué? Yo decidí hace tiempo no vivir para darle gusto a nadie, más que a mí.
Hacer lo que siento y pienso porque quiero y porque puedo, porque confío en que puedo lograr lo que me proponga y obtener lo deseado. No soy la mejor, tampoco la peor, tengo defectos y voy cometiendo errores y la gente hagas o no lo correcto vivirá juzgando, entonces ¿para qué me preocupo?
Que hablen, que digan, que critiquen, mientras yo sepa quién soy y que es lo que quiero y a quien quiero, no me importa.
¿Qué si mis amigas o amigos hablan? Tampoco le doy importancia. Si son mis amigos no hablarán mal, si no lo son no lo harán y te darás cuenta de quien sí y quien no en tu vida.
No tengo tiempo para más hipócritas o personas que hablan de lealtad y van por la vida traicionando.
No juzgo, no critico, y no lo hagan, un día no muy lejano podemos encontrarnos en alguna situación que en algún momento juzgamos.

Recuerda: cuando un dedo apunta hacia otra persona, cuatro te apuntan a ti.

martes, 28 de marzo de 2017

Reflexiona, rompe normas... ¡Y vive!

Una vida sin reflexión... No merece ser vivida (Sócrates)


Ciertamente todo fluye, nada permanece, sin embargo, me pregunto, le pregunto a usted, ¿se ha detenido alguna vez, en su corta o larga vida, a preguntarse si es feliz, si vale la pena vivir?

Si no lo ha hecho, ahora que lee estas líneas, con todo respeto, permítame preguntarle… ¿Es usted feliz?, ¿vale la pena vivir?,  pero ¿qué tiene que ver la, mi, su felicidad con el que todo fluya, o específicamente, con el paso del tiempo?. Pues que así como todo cambia, la muerte un día tocará a la puerta y, le guste o no (a usted o a ella), tendrá que partir de este planeta,  y si bien la materia y la energía no se crea ni se destruye, sinceramente no me gustaría, dado que debe ser muy triste, que usted se transforme sin haber sido feliz, sin haber vivido, ¿sin haber vivido?, sí, ¡sin haber vivido!. Y es que, si se da cuenta, usted respira, ama, ríe, llora, come... ¡Ca…ray, pero así hay millones de bacterias y microorganismos que aún sin reír, llorar, amar… viven! ¿Será acaso usted una bacteria terrestre? ¿O habrá algo que le diferencie de ella?, es más ¿se da cuenta que usted está vivo, de que existe?, si es usted consciente de esto, más que felicitarlo, permítame agradecérselo, y sino, por qué no se atreve a preguntarse a usted mismo, probablemente la respuesta pueda ser difícil al principio, imagine saber que no es usted feliz, pero el problema no es no ser feliz, la cuestión es saber que no se es feliz y seguir igual.

Todos los seres humanos tienen derecho a ser felices

¿Usted que entiende por felicidad?, es decir toda una serie conceptos y categorías que, aun evitando caer en un relativismo estúpido, en teoría nos ayudarían o iluminarían sobre aquello que nos dicen que es la felicidad, lea bien, sobre aquello que nos dicen, y obviamente que la experiencia y conocimiento de otras personas podrían ayudarnos, sin embargo, a pesar de que somos parte de un todo, este viaje que se llama vida, tiene boletos personales y únicos, porque no hay otro exactamente igual a usted.

Permítame compartirle, que una de las acepciones de la palabra feliz viene del latín felix, felices que significa fecundo, ¿es usted fecundo?, y no hablemos de cosas materiales, sino de paz, amor, alegría, amistad, verdadera amistad, no amigos en las redes sociales,  etc., es decir, de todo aquello que le da vida, que lo apasionan, que lo animan, y es que si no se ha dado cuenta, le invito a mirar a su alrededor y descubrir que hay millones de entes, llamados seres humanos que nacen y mueren sin haberse dado cuenta de su existencia, de que están vivos, de que pudieron ser felices, de que pudieron ser ellos y no lo que les dijeron que tienen que ser, y es que estas simples almas, quizás se hayan cuestionado sobre su vida, pero quizás tuvieron miedo…


¿Sabe? Para vivir, para ser feliz se necesita voluntad y valor, valor para atrevernos a romper con tantos prejuicios que nos fueron dados, incluso desde antes de nacer, sí, para romper con todas aquellas cadenas destructivas que han pasado de generación en generación, y que si no actuamos, estamos condenado a repetir. En este sentido, es necesaria la voluntad, porque usted, en su libertad es quien puede actuar en y con usted mismo, nadie va a cambiar por usted, pero para lograr todo esto, es necesario, primeramente conocernos a nosotros mismos, porque ¿cómo voy a cambiar aquello que desconozco?  Hombre conócete a ti mismo, se leía a la entrada del Oráculo de Delfos, así que para saber qué tan feliz o no es, o al menos qué tan usted, es decir, el verdadero usted y no el que han dicho que es, necesita atreverse a conocerse.

Alguna vez quizás se preguntó que cómo quería traer más hijos a este mundo lleno de guerras, hambre, injusticia, falto de valores, destrucción, etc...  y la respuesta es porque a través de mi experiencia personal, de mi viaje en esta vida, y a pesar de todo aquello malo que pueda haber, vivir la vida es muy hermoso. Que, como bien dijo Facundo Cabral... 

"Vale la pena poner todo el esfuerzo para ser felices, porque para eso nacimos, a pesar de tanto imbécil, corrupto y envenenador."
¿Y ustedes qué tanto se conocen así mismos? ¡Atrévanse a conocerse!