En esta sociedad se vuelve complicado ser una persona sincera. A la mayoría de la gente no le gusta escuchar cuando nos dan a conocer nuestros errores, nos consideramos tan perfectos en nuestra forma de pensar que no aceptamos que alguien más opine sobre nosotros. Nuestro alto ego nos ocasiona guardar rencor con aquellos que piensan distinto o tienen una simple opinión contraria.
Hoy en día la libertad de expresión está a la orden. Es parte importante en nuestra vida, ya que contamos con infinidad de redes sociales, páginas online, vídeos y demás que nos hacen reflejar algunas de nuestras opiniones, las cuales son fáciles de compartir.
Esto no siempre es benigno, ya que en ocasiones se convierte en un problema familiar o de amistad cuando no sabemos discernir en algún comentario que se comparte. Esto es causa de lo que llevamos interiormente, lo que afecta nuestro pensamiento y nuestro sentir. Simplemente no aceptamos aquello y generamos un conflicto de algo intrascendente.
Hay quienes se toman tan en serio dar un like a cierto comentario que si este no nos agrada, castigamos con un no like. Suena chistoso pero es real. Con esta actitud no generamos mas que un daño superfluo, que no castiga a quien lo publicó, sino más bien a quien lo lee. La persona que publica se libera de sus pensamientos e ideas, contraponiendo la opinión de alguien más, lo que lo hace sentir placentero en su libertad de expresión.
Nuestro interior se llena de porquería continuamente. Culpamos al gobierno, al canal de televisión, a la radio, a la red social, culpamos al vecino, al familiar, en fin. Todos resultan equivocados respecto nuestra sabia opinión, sin darnos cuenta que los únicos afectados seguimos siendo nosotros mismos.
Estamos tan acostumbrados a alimentarnos de lo negativo que ponemos atención al chisme, a los mil muertos que hubo en tal noticia, a las cantidades de drogas que se venden en nuestro país, a la violación, al maltrato de animales, a la nueva enfermedad. No obstante, no quiero decir que omitamos los casos que conmueven al mundo, sino por el contrario que aprendamos a no contagiarnos de lo vil, cuando no somos capaces al menos de despegarnos del televisor para generar algún cambio que trascienda.
Es nuestra actitud lo que genera los conflictos internos que conllevan al estrés diario, a las enfermedades a largo plazo, a los problemas familiares, de trabajo, de amistad y de mas.
Y es ahí cuando me pregunto: ¿Por qué la sociedad pedimos cambios y no comenzamos por cambiar nosotros mismos?
Estoy segura que al menos alguno de los que estáis leyendo esto se ha sentido aludido por el comentario anterior. Y regresamos al inicio. A la mayoría no nos gusta la sinceridad, inmediatamente que escuchamos alguna crítica sea constructiva o no, bloqueamos nuestra mente haciendo caso omiso a nuestros errores y es ahí donde no salimos del hoyo, pues seguimos con la misma actitud cavernaria.
De nada nos sirve leer historias de reflexión, de amor, de valores, de política, inclusive la misma Biblia que es palabra de Dios, si no somos nosotros mismos capaces de realizar un cambio personal.
Alguna vez en alguna ocasión escuche a una persona decir… ¡No puedes ser sincera, si eres sincera la gente no te va poder ver! ¡Imagínate si todos fuéramos sinceros y anduviéramos por la vida diciendo lo que pensamos de los demás!
Esto me puso a meditar pero sin comentárselo a dicha persona. Era definitivo que no le compartiría mi opinión pues de antemano ya estaba dándome por enterada que no le gustaba en absoluto la sinceridad, de hablarle directamente de mis ideas le generaría una frustración por contraponer su punto de vista, lo cual no me interesa, por ser parte de su negatividad.
Entonces saque esta conclusión… Si la mayoría fuéramos sinceros… la gente pensaría dos veces antes de realizar una mala acción y en caso de que se realizara una mala acción, esta sería señalada por innumerables personas lo que evitaría que volviera a cometerse el mismo error en dos ocasiones continuas.
Si fuéramos honestos y sinceros, no existiría la corrupción y nuestro país no estaría pasando crisis a causa de políticos engañadores, viles y pretenciosos, se reconocería el esfuerzo de los trabajadores y serian remunerados con legalidad.
Si fuéramos sinceros, existirían menos divorcios o quizá estos serian divorcios de común acuerdo, en lugar de divorcios necesarios. Lo que conllevaría a un proceso menos tedioso, que generaría menos niños afectados a causa de los mismos.
Si fuéramos sinceros, los robos a casas, a bancos, instituciones, y demás no se practicarían con la misma frecuencia con la que nos afectan hoy en día. Estos castigarían realmente al infractor y no andarían ladrones paseando por las calles después de una mordida con las autoridades.
Si fuéramos sinceros simplemente no existirían las hipocresías, chismes, engaños, blasfemias, etc. Y simplemente todos nos diríamos lo que pensáramos sin ocultarnos unos a otros verdades absolutas.
Algunos podrían contradecir mi opinión, lo que es válido. Supongo que pensarían que muy probablemente los conflictos estarían a la orden del día. Sin embargo a mi parecer, con la sinceridad, también vienen otros factores importantes que bien la sociedad debería poner en práctica. Tal ejemplo es la tolerancia, dichos valores nos los hacen aprender en la escuela desde pequeños, lo que es bueno; sin embargo se convierte en simple historia cuando los adultos no somos ejemplo de lo que predicamos para nuestras generaciones.
Bajo mi punto de vista personal debemos respetar la opinión de los demás sin dejarnos afectar por sus comentarios y me incluyo pues reconozco es una tarea difícil pero no inalcanzable.
Gracias a la sociedad y sus avances, somos dignos de disfrutar nuestro hermoso derecho a la libertad de expresión, lo cual nos hace sentirnos desahogados al poder exponer nuestras ideas. Alguna vez te has preguntado…¿Cual seria nuestro entorno si en lugar de tomarnos personal todo aquello que leemos supiéramos respetar la opinión de los demás? Por mi parte considero que la vida seria menos complicada para muchos y el estrés no viviría apegado a nuestro existir.
Somos nosotros mismos quienes nos echamos el costal a la espalda cada vez que nos alimentamos de lo negativo. Estamos afanosos de tener ganancias materiales que nos incomoda si el vecino es mas próspero que nosotros, hacemos lo posible por ser mejor que el de enfrente que en ocasiones intentamos ser piedra de tropiezo para que no logre sus objetivos y hacemos burla de sus errores. Dejamos a un lado la sinceridad inclusive con nosotros mismos no reconociendo los logros de los demás excusándonos con falsedades de las cuales no hemos sido testigos.
La sinceridad sin duda se ha ido desvaneciendo de nuestro ser. Nos revelamos a lo que no nos agrada personalmente…Seguimos cometiendo los mismos errores. Ninguno nos comprometemos a transformar nuestra manera de vivir. Nos agrada ser aceptamos por su mayoría, por lo cual no estamos dispuestos a pagar el precio de ser despreciados y cualquiera que decida ser distinto, este es señalado como ingenuo e iluso.
Nos hacemos etiquetas de nosotros mismos algunos diciéndonos devotos, liberales, rebeldes pero sin duda con la misma convicción de agradar a un conjunto sin antes agradar primeramente aquel que nos creo y que nos ha dado las herramientas para una mejor manera de vivir, además de sostenernos en pie por sus misericordias. (Dios)
Pero no todo es triste, siempre existirá alguno que sea VALIENTE y tome la decisión de transformar su vida haciendo un verdadero cambio sincerándose consigo mismo viendo en si mismo los errores que comete para dejarlos a un lado y lograr un cambio trascendental para poner por obra las frases que hemos atesorado como simples recuerdos.
Seamos capaces de afrontar nuestra realidad, no culpemos a otros de la presión que cargamos en la espalda busquemos lo bueno para nuestro propio bien.
“El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos por no recibir cohecho, el que tapa su oído para no oír propuestassanguinarias, el que cierra sus ojos para no ver cosa mala:
Éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras. ISAIAS 33:15
Las respuestas las tenemos todas, Dios ha sido quien nos ha mandado una guía para nuestra estrafalaria forma de vivir, hemos hecho de su palabra una simple historia que recordamos sólo en fechas de viacrucis y resurrección. Es nuestra responsabilidad en nuestra actitud lo que genera un verdadero cambio personal que trascienda a las generaciones venideras. Seamos sinceros y dejémonos de engañarnos a nosotros mismos.
Es tiempo: ¿te atreves?