Todos hemos sentido envidia alguna vez, es inevitable, es parte de
ser "humano". Lo realmente importante es que hacemos con ese
sentimiento. Si la envidia no se controla y, por el contrario, crece y crece,
en lugar de quedarse en el pensamiento, puede pasar a la acción y ahí
transformarse en algo muy peligroso. Una persona con envidia, puede hacer
mucho, mucho daño. Puede planear venganzas, puede hacer que nos quedemos sin
amigos, puede hacer que dos personas que se quieren se alejen, puede inventar
rumores sólo para perjudicar a otro. Además este sentimiento tan común, puede
llegar a ser altamente autodestructivo si no se domina.
La envidia es un fenómeno psicológico, un sentimiento muy
negativo, que hace sufrir en demasía tanto a los envidiosos como a sus
"víctimas". El envidioso es un insatisfecho, un frustrado, que siente
consciente o inconscientemente rencor contra las personas que poseen algo, ya
sea belleza, dinero, poder, éxito... y que el no puede o no quiero desarrollar
o tener. Experimentan un ansia insaciable de destacar, de ser el centro de
atención, de ser el más y el mejor en todas las circunstancias.
¿Por qué el y no yo?, se pregunta el envidioso, que no acepta de
ninguna manera el triunfo ajeno, sobre todo, cuando la persona envidiada no
tenía nada y por su esfuerzo o suerte o por la razón que sea ha logrado tener
alcanzar el todo. No hay nada más envidiable en la vida que la suerte de quien
posee el "juguete" que deseamos tener. De modo que esta competencia
abierta, en la que uno ambiciona en ser o tener lo que otro posee, es casi
natural que el envidioso busque por todos los medios la caída de su
"rival", impulsado por esa creencia innata de que nadie es tan capaz
y perfecto como él mismo.
En la envidia, todo vale, la ley de la selva o el sálvese quien
pueda o tonto el último. Los envidiosos, para lograr la caída de su rival,
insultan, difaman, acusan, y lo que es peor, cuando ya se quedan sin esos
argumentos, hacen de la mentira una verdad y esa verdad la convierten en
basura, suelen ser como serpientes venenosas o navajas de doble filo. Hay que
cuidarse de los envidiosos, te dan el beso de Judas, te clavan el cuchillo por
la espalda.
La envidia es el pecado capital del individuo y la hermana gemela
de la hipocresía. Los envidiosos en potencia, que viven "a Dios rogando y
con el mazo dando", tienen un denominador común, suelen ejercitar la
maledicencia y el gusto por encontrarle defectos al sujeto es cuestión, con el
fin de exaltar sus debilidades y menoscabar sus virtudes. En el mundo del arte,
de la cultura, de la política y por supuesto, del periodismo, abundan quienes
conspiran a espaldas de los que ejercen su misma profesión, de ahí viene el
dicho "Tu colega es tu peor enemigo", debido a que la debilidad con
los colegas, no sólo en el celo y el odio, sino en la traición también. En
cuantos momentos de la vida, el amigo de mayor confianza por pura envidia puede
trocarse en el enemigo más irreconciliable.
Cuando alguien como nosotros logra lo que para
nosotros era un sueño, cuando otro consigue algo a lo que ya habíamos
renunciado, nuestro ego a veces no puede soportarlo, sobre todo si ese alguien,
ese otro, está cerca en el tiempo, en el espacio, en edad o en reputación.
Porque no es el coche, la casa, el traje o el éxito profesional o personal lo que está juego, sino nosotros mismos, lo
que valemos o lo que somos capaces de hacer. Esto sólo pone de manifiesto una
diferencia insoportable e inesperada, al demostrarse que ese sueño para
nosotros prohibido es posible para el otro.
El envidioso está acostumbrado a meter cizaña con el propósito de
lograr sus objetivos, a base de engatusar y confabular mentiras. ¡Ojo! El
envidioso se disfraza casi siempre de amigo, como el lobo de oveja, para causar
daño en el momento más inesperado, pues es un ser muy astuto, aún siendo un
pobre diablo, que se ufana de tener más sapiencia y experiencia. Cuando en
nuestra vida aparezca un envidioso, lo mejor es caminar con los oídos tapados y
los ojos bien abiertos, para no escuchar los falsos cantos de sirena y no caer
en las trampas que va dejando a su paso.
La envidia no perdona a quien llega a lo más alto de la pirámide
ni a quien alza el vuelo por encima de los demás. La envidia es un arma muy
poderosa que puede causarte la mayor herida y la peor agresión. No envidiemos,
seamos felices con lo que tenemos sin dejar de luchar, que nos causen alegrías
los éxitos de los demás o las metas logradas por ellos, y no olvidemos nunca,
nunca, que LA ENVIDIA ES MALA COMPAÑERA EN EL VIAJE DE LA VIDA Y MUY MALA CONSEJERA...
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