Mis verdades y yo, seguramente no
serán grandes verdades, tal vez para alguien ni si quiera sean verdad. Tampoco
es algo tan importante, a mi me valen, a mi me curan, o tal vez, me avivan las
heridas... ¡Depende del momento!
Intentando ser normal...
Escondiendo mis respuestas en el fondo del armario, de donde creo, que no
deberían haber salido.
Los bares nos han descubierto, nos
abren los brazos y nos dejan ahogar miserias entre sus barras. No es una
solución cambiar, lo sé, pero las fuerzas ya no son lo que eran y yo tampoco,
quizás los años me volvieron cobarde o tal vez, no fueron los años...
Mi vida está plagada de
equivocaciones, me equivoqué esperando que un lobo se vistiera no de cordero,
sino de persona. Evidentemente no lo hizo, y yo me vi en demasiados callejones,
me reconocí en demasiadas miserias. Pero aquello, el final de aquello, era una
ventana llena de esperanza. Suena estúpido, pero... volver a ser, era todo un
reto. Recuperar las cosas perdidas, empezar desde cero, o desde menos diez. ¡No
importa! Era volver a sentir a pesar de lo que dolía, había demasiadas
esperanzas como para bajar los brazos.
Ahora, las esperanzas no aparecen,
los retos, ya no están. No hay nada que volver a ser, porque llegué a serlo,
volví a ser Yo, sin corazas, sin caretas, sin mentiras. Volví a ser la imagen
del espejo y mis verdades a bocajarro. Volví a ser, sin más.
El fracaso ahora, es una cruel
conclusión, porque ya no hay posibilidad de cambio, ya no hay disfraz al que
echarle la culpa. El fracaso es mío, no abandoné mis sueños, no cambié para
buscar complicidad, no alteré mi carácter para evitar conflictos, fui simplemente
yo... Y no sabría explicar porqué esa primera persona del singular, ahora, no
encuentra tiempo verbal en el que reconstruirse. Absurdo quizás... seguramente.
Y aun así, me empeño, doy pasos,
camino, hago planes y alquilo habitaciones en castillos de arena, aunque
quizás, las pido sin ventanas...
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