sábado, 8 de octubre de 2016

Chocazo de realidad


Eres guapa, o quizás sólo muy atractiva. Tu Facebook y tu Instagram están poblados de fotos tuyas en mil y una poses. En serio, eres realmente guapa o verdaderamente atractiva. Tienes un cuerpazo moldeado a base de sacrificio en comidas limitadas y horas de gimnasio, demuestras tener fuerza de voluntad en las cosas que te interesan. Admiro esa capacidad tuya de mantener una sonrisa perfecta para cada foto, de conocer tus mejores ángulos y no dejar que ninguna circunstancia muestre ni por asomo ninguna falta de perfección. Porque eres tan guapa, o tan increíblemente atractiva, que nadie puede dejar de poner sus ojos en ti. 

A veces apareces acompañada de ese chico, sí, ese que es como tu alma gemela, como tu versión masculina de perfecta belleza. Hacéis tan buena pareja…

Pero entonces sales de tus redes sociales, regresas a tu habitación y, al cerrar los ojos para dormir, sientes el frío desasosiego del vacío. Esa es la realidad, que te acosa y te amenaza, que te nubla la vista y destroza tus sueños. Todo deja de ser perfecto. Ya no hay poses ni modelos, no hay más “like” que el que debes darte a ti misma frente al espejo de tu conciencia. Hubieras querido ser algo más, añoras tener una familia o disfrutarla más, unos amigos de verdad con los que reír con el café de la mañana, un novio sencillo que piense más en hacerte feliz que en ser feliz contigo, unos estudios o, mejor, una mente que deslumbre. Echas de menos ser más auténtica y no tener que justificar una vida de escaparate, falsamente ajustada con los alfileres que no se ven sobre el maniquí en el que te has convertido.

Y te cabrea que nadie valore cómo eres en esa realidad que descubres cada noche al acostarte, que nadie sepa cómo te emociona una mirada, un gesto, una palabra a tiempo, un paisaje… No soportas que lo que más valoras de ti pase desapercibido para los demás. Pero es que fuiste tú la que decidió poner frente al público todo eso que los demás ven, elegiste complacer antes que complacerte. Ahora que tus ojos se cierran vencidos por el cansancio del largo día, querrías abrirlos a otra realidad más humana y verdadera, pero no te quedan fuerzas. Tal vez mañana sea el día. En el fondo sabes que volverás a amanecer entregada a la falsa perfección que te aleja de tu ser más verdadero, porque tienes miedo de que esta sociedad no te acepte tal y como eres, que los demás te sientan débil o, simplemente, distinta. No quieres alejarte de los modelos que alguien, qué sabe nadie, quién sabe quién, ha dispuesto para ti y los que viven en ese mundo tuyo.

Llevo un rato viendo tus fotos. Les encantas. Eres tan guapa, o al menos tan atractiva, para todos. Pero puedo sentir ese grito ahogado de tu realidad intentado salir de ti, asomando casi a tus labios tan perfectos en esa sonrisa tan perfecta como falsa y entonces es cuando de verdad te vuelves atractiva para mí, porque me encantaría darte la mano para sacarte de ese pozo donde te hundes con cada publicación vacía pero bonita. Ya, mis manos no son perfectas, ni abrazan pesas por gimnasios ni sujetan botes de batidos milagrosos, pero mis manos son más fuertes que ésas porque sujetan vidas, porque traen felicidad a quien las toma, porque siempre están abiertas para dar…

Ya lo sabes, estás a tiempo, despierta y regresa a ti. Si te da miedo, toma mi mano. Prometo no soltarte hasta que puedas caminar sola de nuevo por el mundo real y seas auténticamente guapa, aunque sólo lo seas para ti y nunca dejes de serlo para mí...

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