sábado, 22 de abril de 2017

¡Dichoso qué dirán!


Estoy cansada de vivir en un mundo del “qué dirán”.
Nos importa tanto la opinión de la gente, los comentarios, los halagos. Claro, a veces una aprobación, un piropo, un consejo, es bueno…
Pero vivimos en un mundo donde lo que piensen los demás es de suma importancia y hacemos o dejamos de hacer para dar gusto y eso no es justo.
Quiero hacer lo que quiero sin miedo al qué dirán, sin miedo a las habladurías, a los chismes, a las traiciones, a los prejuicios...
Si haces las cosas mal eras mala y si haces cosas bien eres tan buena que te tachan de tonta, de ingenua, de anticuada. ¿Qué es lo que quiere la gente entonces?
Bien dicen… !Nunca llueve a gusto de todos¡
Y ¿saben qué? Yo decidí hace tiempo no vivir para darle gusto a nadie, más que a mí.
Hacer lo que siento y pienso porque quiero y porque puedo, porque confío en que puedo lograr lo que me proponga y obtener lo deseado. No soy la mejor, tampoco la peor, tengo defectos y voy cometiendo errores y la gente hagas o no lo correcto vivirá juzgando, entonces ¿para qué me preocupo?
Que hablen, que digan, que critiquen, mientras yo sepa quién soy y que es lo que quiero y a quien quiero, no me importa.
¿Qué si mis amigas o amigos hablan? Tampoco le doy importancia. Si son mis amigos no hablarán mal, si no lo son no lo harán y te darás cuenta de quien sí y quien no en tu vida.
No tengo tiempo para más hipócritas o personas que hablan de lealtad y van por la vida traicionando.
No juzgo, no critico, y no lo hagan, un día no muy lejano podemos encontrarnos en alguna situación que en algún momento juzgamos.

Recuerda: cuando un dedo apunta hacia otra persona, cuatro te apuntan a ti.

martes, 28 de marzo de 2017

Reflexiona, rompe normas... ¡Y vive!

Una vida sin reflexión... No merece ser vivida (Sócrates)


Ciertamente todo fluye, nada permanece, sin embargo, me pregunto, le pregunto a usted, ¿se ha detenido alguna vez, en su corta o larga vida, a preguntarse si es feliz, si vale la pena vivir?

Si no lo ha hecho, ahora que lee estas líneas, con todo respeto, permítame preguntarle… ¿Es usted feliz?, ¿vale la pena vivir?,  pero ¿qué tiene que ver la, mi, su felicidad con el que todo fluya, o específicamente, con el paso del tiempo?. Pues que así como todo cambia, la muerte un día tocará a la puerta y, le guste o no (a usted o a ella), tendrá que partir de este planeta,  y si bien la materia y la energía no se crea ni se destruye, sinceramente no me gustaría, dado que debe ser muy triste, que usted se transforme sin haber sido feliz, sin haber vivido, ¿sin haber vivido?, sí, ¡sin haber vivido!. Y es que, si se da cuenta, usted respira, ama, ríe, llora, come... ¡Ca…ray, pero así hay millones de bacterias y microorganismos que aún sin reír, llorar, amar… viven! ¿Será acaso usted una bacteria terrestre? ¿O habrá algo que le diferencie de ella?, es más ¿se da cuenta que usted está vivo, de que existe?, si es usted consciente de esto, más que felicitarlo, permítame agradecérselo, y sino, por qué no se atreve a preguntarse a usted mismo, probablemente la respuesta pueda ser difícil al principio, imagine saber que no es usted feliz, pero el problema no es no ser feliz, la cuestión es saber que no se es feliz y seguir igual.

Todos los seres humanos tienen derecho a ser felices

¿Usted que entiende por felicidad?, es decir toda una serie conceptos y categorías que, aun evitando caer en un relativismo estúpido, en teoría nos ayudarían o iluminarían sobre aquello que nos dicen que es la felicidad, lea bien, sobre aquello que nos dicen, y obviamente que la experiencia y conocimiento de otras personas podrían ayudarnos, sin embargo, a pesar de que somos parte de un todo, este viaje que se llama vida, tiene boletos personales y únicos, porque no hay otro exactamente igual a usted.

Permítame compartirle, que una de las acepciones de la palabra feliz viene del latín felix, felices que significa fecundo, ¿es usted fecundo?, y no hablemos de cosas materiales, sino de paz, amor, alegría, amistad, verdadera amistad, no amigos en las redes sociales,  etc., es decir, de todo aquello que le da vida, que lo apasionan, que lo animan, y es que si no se ha dado cuenta, le invito a mirar a su alrededor y descubrir que hay millones de entes, llamados seres humanos que nacen y mueren sin haberse dado cuenta de su existencia, de que están vivos, de que pudieron ser felices, de que pudieron ser ellos y no lo que les dijeron que tienen que ser, y es que estas simples almas, quizás se hayan cuestionado sobre su vida, pero quizás tuvieron miedo…


¿Sabe? Para vivir, para ser feliz se necesita voluntad y valor, valor para atrevernos a romper con tantos prejuicios que nos fueron dados, incluso desde antes de nacer, sí, para romper con todas aquellas cadenas destructivas que han pasado de generación en generación, y que si no actuamos, estamos condenado a repetir. En este sentido, es necesaria la voluntad, porque usted, en su libertad es quien puede actuar en y con usted mismo, nadie va a cambiar por usted, pero para lograr todo esto, es necesario, primeramente conocernos a nosotros mismos, porque ¿cómo voy a cambiar aquello que desconozco?  Hombre conócete a ti mismo, se leía a la entrada del Oráculo de Delfos, así que para saber qué tan feliz o no es, o al menos qué tan usted, es decir, el verdadero usted y no el que han dicho que es, necesita atreverse a conocerse.

Alguna vez quizás se preguntó que cómo quería traer más hijos a este mundo lleno de guerras, hambre, injusticia, falto de valores, destrucción, etc...  y la respuesta es porque a través de mi experiencia personal, de mi viaje en esta vida, y a pesar de todo aquello malo que pueda haber, vivir la vida es muy hermoso. Que, como bien dijo Facundo Cabral... 

"Vale la pena poner todo el esfuerzo para ser felices, porque para eso nacimos, a pesar de tanto imbécil, corrupto y envenenador."
¿Y ustedes qué tanto se conocen así mismos? ¡Atrévanse a conocerse! 

lunes, 27 de marzo de 2017

COMPLICIDAD... ¡Qué bonito nombre tienes!

"Existe entre nosotros algo mejor que el amor : la complicidad"
Marguerite Yourcenar

¿Nunca habéis conocido a alguien y habéis sentido ese algo tan especial, como si le conocieras de toda la vida? Algo que no se puede explicar con palabras, como una conexión diferente, como un hilo invisible y especial que te une a esa persona sin saber el motivo, habéis congeniado de tal manera que sientes que va a ser alguien especial en tu vida. Algo que llamamos de tantas formas diferentes… feeling, química o COMPLICIDADpara mi, ese es su nombre.

Ese alguien con el que has hablado horas que se han pasado volando y te han parecido minutos, y que puede quedarse en sólo unas horas, un día, una noche, o en quedar de vez en cuando o quedarse en tu vida de forma indefinida.

Que si quedas de tanto en tanto con él te emociona verlo sin pretender nada más. Y que a pesar de conocerlo de poco, con él te salen muchas más cosas que con otra persona. Que te ríes porque , que te hace sentir bien con sólo estar a tu lado, que estás a gusto en los silencios que con otras personas pueden parecer incómodos, y no necesitas llenarlos. Y que una mirada entre vosotros es especial, sobre todo si va acompañada de una sonrisa.

No hablo necesariamente de que sea especial en el sentido romántico, aunque no lo descarto. Puede darse el caso de que sólo sintáis esa complicidad en forma de amistad y que no tenga que derivar en una relación.

Todos deseamos encontrar a alguien cuyos demonios se entiendan con los nuestros, alguien que tenga la llave para nuestras cerraduras, con quien nos sintamos tan seguros que les dejemos abrirlas sin temor, con quien resurja nuestro verdadero yo y podamos ser nosotros mismos…

Es algo mejor que un amor porque cada uno descubre una parte del otro sin necesidad de que medien las palabras y con la necesidad de que medie una vida repleta de permanencia. Una complicidad se alcanza con esa persona a las que te agarra para no dejar que se te escape el presente a la vez que piensas en todo lo que te espera.

Hay quien les llama personas hogar, pues te brindan la calidez de un abrazo que reconforta y el placer de coleccionar los motivos y la fuerza necesarias para hacer frente al día a día y lidiar con la vida.

Para la complicidad no hay secretos en las miradas, en los gestos o en los abrazos. Son esas personas que saben que aunque les digamos que todo está bien saben que no lo está. De hecho, probablemente ni siquiera necesiten mirarnos ni escucharnos hablar.  

No son adivinas pero nos comprenden más allá de los espejismos y las apariencias. Ése "aunque te pongas las gafas de sol y me sonrías, sé cómo estás".


Basta con el aire que se respira para saber que la conexión es pura fantasía, que va más allá de una sonrisa sincera o de una mirada sabia. Entre dos personas cómplices se crea una atmósfera que se convierte en una suerte que enlaza los sentimientos y los corazones.

Un alma gemela es aquella persona que te hace reír y sonreír sin decir absolutamente nada. Es una persona que está ahí, que no te abandona, que se enorgullece de lo que consigues y de quién eres a la vez que no tiene pudor en decirte lo que piensa ni en llamarte la atención si te equivocas.

No quiere decir que no vaya a haber malos entendidos ni discusiones, pero incluso una pelea cómplice puede derribar nuestros muros de contención. Esto solo ocurre cuando esa persona es alguien que te cuestiona y que no está en tu vida de manera silenciosa, alguien que marca un antes para el que no hay después y que inunda cada instante de ternura.

La complicidad permite aceptar sin exigencias ni hiperapegos, sin necesidad de cambiar nuestra esencia ni de complacer necesidades infantiles o extremas. Entonces se construyen vibraciones que se complementan a la perfección, de la misma manera que un secreto compartido le guiña el ojo a la incondicionalidad del alma.

"Por todo estoy y más, siempre diré ¡QUÉ BONITO NOMBRE TIENES... COMPLICIDAD!"