lunes, 14 de agosto de 2017

Melodías encadenadas


Una hermosa melodía llena de complejos cambios, con una sorprendente estructura acompasada de finos y bellos arreglos; eso es la vida, la vida es música.
Repleta de notas mayores y armoniosas, que contagian de alegría y adornan los momentos más hermosos que tenemos para recordar; que nos llenan de esperanza y fe, que nos calman y nos llenan de ánimo, que nos dan las fuerzas y energías para soñar y trabajar cada día por cumplir esos sueños.
También existen las notas menores, esos sonidos bajos cargados de melancolía, llenos de sentimientos sumamente intensos que generan en nosotros sensaciones inexplicables, recuerdos buenos y malos experiencias agradables y otras que simplemente no deseamos recordar. Sonidos apagados que igual a un silencioso suspiro nos hacen sentir vulnerables, débiles, tal vez tristes, tal vez cansados; pero es parte de la vida, son las notas que marca nuestra esencia, los sonidos que nos hacen sentir que somo seres humanos, que somos mortales y que nos llevan a desear la felicidad y nos impulsan a disfrutar de la vida; después de todo, cómo puede existir la luz sin la oscuridad, cómo puede haber vida sin muerte, como habrá dicha si experimentar la tristeza.
La vida es música…
La vida es música y cada día es una canción diferente, una canción interpretada en vivo y que no se repetirá, una canción que solo quedará grabada en nuestra mente y corazón para escucharla cada vez que viajemos en el tiempo a donde nuestros recuerdos nos lleven; pero al fin y al cabo, una canción que nunca se repetirá, una canción que nadie más podrá escuchar, solo nosotros y solo si préstamos atención y tomamos un momento para escucharla.
Cada día es una canción diferente…
Una canción que en un mismo compás puede llevar notas alegres y notas tristes, una canción que puede estar inundada de compases tranquilos, apacibles y agradables, mezclados con un repentino cambio de ritmo que nos lleve a toda velocidad por una escala de indomables y sensuales sonidos que nos llenen de adrenalina; de unas ganas tremendas de hacerle el amor a la vida a cada instante, o un ritmo poderoso que nos llene de furia y nos lleve a cometer errores, errores que con el tiempo nos dejarán lecciones, algunas que nos marcarán de por vida, pero siempre habrá aprendizaje.
Podemos elegir el ritmo y la tonada de nuestras canciones, pero al fin la vida, como la música, se compone sola, con una fuerza imponente que se abre paso a través de nuestros planes y nuestros deseos, que se creará así misma una identidad propia una historia única y maravillosa.
La vida es música y hay que disfrutarla, apreciarla, sentirla, vivirla; aprovechar desde los más simples y básicos acordes con ritmos lentos, hasta los más alocados y acelerados ritmos que adornen las más hermosas, sensuales, complejas y apasionadas escalas que se fundan en una melodía sublime que nos llene de mil emociones.
La vida es música y aunque no podamos controlarla por completo, sí podemos dejar de ser simples escuchas, y ser los compositores e intérpretes de nuestras propias canciones, de nuestras propias melodías; podemos ser nuestros peores críticos o nuestros más grandes admiradores, podemos limitarnos simplemente a escuchar la música de nuestras vidas y dejar que suene frente a nosotros, o podemos sentirla, vivirla y disfrutarla.
Porque no importa qué tan alegres y movidos sean los sonidos y los ritmos que llenen nuestra vida o que tan lentos, siniestros o melancólicos puedan ser los acordes que adornen nuestros días, siempre habrá canciones nuevas, emociones que nos sorprendan y llenen nuestras vidas de gratos recuerdos, momentos inolvidables que al final formarán un majestuoso y bello concierto al que podremos asistir cada vez que necesitemos ánimo y fuerzas.
Hermosas sinfonías cargadas de pasión, amor y dicha que nos acompañarán para siempre.

La vida es música… Vale la pena escuchar.

sábado, 10 de junio de 2017

En el País de las Maravillas


En el País de las Maravillas, así defino de forma absolutamente irónica a nuestra querida patria, a ese lugar del mundo donde nacimos, que debería ser orgullo para todos y sin embargo, cada día, cada semana, cada año que va pasando, me produce más desasosiego e impotencia, y por qué no reconocerlo, hasta una profunda vergüenza me da el camino que está tomando nuestra sociedad.

Uno de los mayores problemas de la sociedad actual, es que carece o no quiere respetar los valores morales, que representan la guía o el código de reglas que son necesarias para la mejor convivencia colectiva. En consecuencia, si no tratamos de conducirnos en nuestra vida cotidiana, tomando como referencia estas reglas morales o de conducta, estaremos viviendo en iguales condiciones que en aquellas etapas de la historia humana, donde prevalecía la violencia,  la inmoralidad, y el libertinaje como forma de vida, sin medir los resultados de tales acciones.

Y todo esto no es una crítica absurda y vacía, es una realidad palpable y notoria. Es tan sencillo como leer la prensa diaria, ver las noticias de las tres o entrar en las redes sociales. 

Cada día te topas con una o varias noticias que te hielan el alma, algunas casi no das crédito a creértelas. Pero simple y llanamente, es lo que desgraciadamente ocurre. ¿En qué momento hemos permitido que todo llegue a este punto? ¿Cuándo el ser humano se ha vuelto así de inhumano, o es que ya lo era y no se atrevía a mostrarlo? ¿Tanto odio, tanta sed de venganza o tanta crueldad tienen los hombres acumuladas? 

No sé en que momento, quizás ya lo era y sí, tanto de todo eso tiene. Y lo más escalofriante es que muchos se van acostumbrando a escuchar estas "cosas" y con un simple "otra vez" se quedan tan tranquilos, como si con ellos no fuera, como inmunizados ante tanta maldad y crueldad. Caramba, que espalda más ancha tenéis, parecéis competidores de halterofilia.

Y aquí la presente, lo dice bien claro, ni me callo, ni me resigno, ni justifico, ni por supuesto me puedo inmunizar ante toda esta barbarie diaria.


Y por poner algún ejemplo, ahí tenemos al maldito desgraciado que por no aceptar el "hemos terminado" o "hasta aquí he llegado" de su pareja, que hiere su asqueroso ego machista, se venga de ella quitándole la vida con la única justificación "o eres mía o no vas a ser de nadie", ni que fuéramos un objeto que compras con la visa y ya es tuyo de por vida. Y con suerte se suicidará, que ya podía haberlo hecho antes, o será juzgado por asesinato pero cuidado, alegarán enajenación mental y con buen comportamiento en pocos años estará libre y disfrutando de la vida, pero Ella, no podrá, él se la quitó.

Por otro lado, tenemos una mafia de desalmados que utilizan las redes sociales para reírse a carcajadas y mofarse sin ningún tipo de respeto, que ya se les podría quedar la cara deformada de por vida y que la Bestia fuera Bella al lado de ellos, por la muerte de un ser humano. De un torero joven, empezando a vivir, que tan solo estaba desempeñando su profesión, y como en cualquier otro trabajo, ocurren accidentes, muchos mortales. ¡Pues si no te gustan los toros, vete al circo! De una chica que por muy famosa que fuera ella y su familia, no le ha hecho mal a nadie, lo único que ha hecho es intentar librar la batalla del cáncer, y a sus tan solo 41 años, la ha perdido. O de un niño, empezando a vivir, que el cáncer le ha sesgado su vida antes de saborearla, cuya única culpa ha sido tener la ilusión de ser torero, y que nunca podrá ser. Y ahí estáis vosotros, miserables, como hienas al asalto. Dais asco, merecéis el peor de los castigos, porque semejante falta de respeto y humanidad, no creo que ni el mismo Dios os la pudiese perdonar. 

Podría seguir poniendo un ejemplo tras otro y desgraciadamente no acabaría, y con todo esto constato lo dicho anteriormente. 

¡Cómo mantenerse impasible ante esta ola de acontecimientos que están inundando nuestro día a día!

No necesito tirar de hemeroteca, ni entrar en la prensa de hoy o la de ayer, tan sólo con un paseo por mi memoria puedo decir sin temor alguno a equivocarme, que esta sociedad está muy muy enferma, al borde del colapso, y apesta a podredumbre cual bicho muerto.

Sólo queda decir que, o extirpamos el cáncer y enterramos al bicho muerto, o nos comerá hasta las entrañas... 

sábado, 22 de abril de 2017

¡Dichoso qué dirán!


Estoy cansada de vivir en un mundo del “qué dirán”.
Nos importa tanto la opinión de la gente, los comentarios, los halagos. Claro, a veces una aprobación, un piropo, un consejo, es bueno…
Pero vivimos en un mundo donde lo que piensen los demás es de suma importancia y hacemos o dejamos de hacer para dar gusto y eso no es justo.
Quiero hacer lo que quiero sin miedo al qué dirán, sin miedo a las habladurías, a los chismes, a las traiciones, a los prejuicios...
Si haces las cosas mal eras mala y si haces cosas bien eres tan buena que te tachan de tonta, de ingenua, de anticuada. ¿Qué es lo que quiere la gente entonces?
Bien dicen… !Nunca llueve a gusto de todos¡
Y ¿saben qué? Yo decidí hace tiempo no vivir para darle gusto a nadie, más que a mí.
Hacer lo que siento y pienso porque quiero y porque puedo, porque confío en que puedo lograr lo que me proponga y obtener lo deseado. No soy la mejor, tampoco la peor, tengo defectos y voy cometiendo errores y la gente hagas o no lo correcto vivirá juzgando, entonces ¿para qué me preocupo?
Que hablen, que digan, que critiquen, mientras yo sepa quién soy y que es lo que quiero y a quien quiero, no me importa.
¿Qué si mis amigas o amigos hablan? Tampoco le doy importancia. Si son mis amigos no hablarán mal, si no lo son no lo harán y te darás cuenta de quien sí y quien no en tu vida.
No tengo tiempo para más hipócritas o personas que hablan de lealtad y van por la vida traicionando.
No juzgo, no critico, y no lo hagan, un día no muy lejano podemos encontrarnos en alguna situación que en algún momento juzgamos.

Recuerda: cuando un dedo apunta hacia otra persona, cuatro te apuntan a ti.

martes, 28 de marzo de 2017

Reflexiona, rompe normas... ¡Y vive!

Una vida sin reflexión... No merece ser vivida (Sócrates)


Ciertamente todo fluye, nada permanece, sin embargo, me pregunto, le pregunto a usted, ¿se ha detenido alguna vez, en su corta o larga vida, a preguntarse si es feliz, si vale la pena vivir?

Si no lo ha hecho, ahora que lee estas líneas, con todo respeto, permítame preguntarle… ¿Es usted feliz?, ¿vale la pena vivir?,  pero ¿qué tiene que ver la, mi, su felicidad con el que todo fluya, o específicamente, con el paso del tiempo?. Pues que así como todo cambia, la muerte un día tocará a la puerta y, le guste o no (a usted o a ella), tendrá que partir de este planeta,  y si bien la materia y la energía no se crea ni se destruye, sinceramente no me gustaría, dado que debe ser muy triste, que usted se transforme sin haber sido feliz, sin haber vivido, ¿sin haber vivido?, sí, ¡sin haber vivido!. Y es que, si se da cuenta, usted respira, ama, ríe, llora, come... ¡Ca…ray, pero así hay millones de bacterias y microorganismos que aún sin reír, llorar, amar… viven! ¿Será acaso usted una bacteria terrestre? ¿O habrá algo que le diferencie de ella?, es más ¿se da cuenta que usted está vivo, de que existe?, si es usted consciente de esto, más que felicitarlo, permítame agradecérselo, y sino, por qué no se atreve a preguntarse a usted mismo, probablemente la respuesta pueda ser difícil al principio, imagine saber que no es usted feliz, pero el problema no es no ser feliz, la cuestión es saber que no se es feliz y seguir igual.

Todos los seres humanos tienen derecho a ser felices

¿Usted que entiende por felicidad?, es decir toda una serie conceptos y categorías que, aun evitando caer en un relativismo estúpido, en teoría nos ayudarían o iluminarían sobre aquello que nos dicen que es la felicidad, lea bien, sobre aquello que nos dicen, y obviamente que la experiencia y conocimiento de otras personas podrían ayudarnos, sin embargo, a pesar de que somos parte de un todo, este viaje que se llama vida, tiene boletos personales y únicos, porque no hay otro exactamente igual a usted.

Permítame compartirle, que una de las acepciones de la palabra feliz viene del latín felix, felices que significa fecundo, ¿es usted fecundo?, y no hablemos de cosas materiales, sino de paz, amor, alegría, amistad, verdadera amistad, no amigos en las redes sociales,  etc., es decir, de todo aquello que le da vida, que lo apasionan, que lo animan, y es que si no se ha dado cuenta, le invito a mirar a su alrededor y descubrir que hay millones de entes, llamados seres humanos que nacen y mueren sin haberse dado cuenta de su existencia, de que están vivos, de que pudieron ser felices, de que pudieron ser ellos y no lo que les dijeron que tienen que ser, y es que estas simples almas, quizás se hayan cuestionado sobre su vida, pero quizás tuvieron miedo…


¿Sabe? Para vivir, para ser feliz se necesita voluntad y valor, valor para atrevernos a romper con tantos prejuicios que nos fueron dados, incluso desde antes de nacer, sí, para romper con todas aquellas cadenas destructivas que han pasado de generación en generación, y que si no actuamos, estamos condenado a repetir. En este sentido, es necesaria la voluntad, porque usted, en su libertad es quien puede actuar en y con usted mismo, nadie va a cambiar por usted, pero para lograr todo esto, es necesario, primeramente conocernos a nosotros mismos, porque ¿cómo voy a cambiar aquello que desconozco?  Hombre conócete a ti mismo, se leía a la entrada del Oráculo de Delfos, así que para saber qué tan feliz o no es, o al menos qué tan usted, es decir, el verdadero usted y no el que han dicho que es, necesita atreverse a conocerse.

Alguna vez quizás se preguntó que cómo quería traer más hijos a este mundo lleno de guerras, hambre, injusticia, falto de valores, destrucción, etc...  y la respuesta es porque a través de mi experiencia personal, de mi viaje en esta vida, y a pesar de todo aquello malo que pueda haber, vivir la vida es muy hermoso. Que, como bien dijo Facundo Cabral... 

"Vale la pena poner todo el esfuerzo para ser felices, porque para eso nacimos, a pesar de tanto imbécil, corrupto y envenenador."
¿Y ustedes qué tanto se conocen así mismos? ¡Atrévanse a conocerse! 

lunes, 27 de marzo de 2017

COMPLICIDAD... ¡Qué bonito nombre tienes!

"Existe entre nosotros algo mejor que el amor : la complicidad"
Marguerite Yourcenar

¿Nunca habéis conocido a alguien y habéis sentido ese algo tan especial, como si le conocieras de toda la vida? Algo que no se puede explicar con palabras, como una conexión diferente, como un hilo invisible y especial que te une a esa persona sin saber el motivo, habéis congeniado de tal manera que sientes que va a ser alguien especial en tu vida. Algo que llamamos de tantas formas diferentes… feeling, química o COMPLICIDADpara mi, ese es su nombre.

Ese alguien con el que has hablado horas que se han pasado volando y te han parecido minutos, y que puede quedarse en sólo unas horas, un día, una noche, o en quedar de vez en cuando o quedarse en tu vida de forma indefinida.

Que si quedas de tanto en tanto con él te emociona verlo sin pretender nada más. Y que a pesar de conocerlo de poco, con él te salen muchas más cosas que con otra persona. Que te ríes porque , que te hace sentir bien con sólo estar a tu lado, que estás a gusto en los silencios que con otras personas pueden parecer incómodos, y no necesitas llenarlos. Y que una mirada entre vosotros es especial, sobre todo si va acompañada de una sonrisa.

No hablo necesariamente de que sea especial en el sentido romántico, aunque no lo descarto. Puede darse el caso de que sólo sintáis esa complicidad en forma de amistad y que no tenga que derivar en una relación.

Todos deseamos encontrar a alguien cuyos demonios se entiendan con los nuestros, alguien que tenga la llave para nuestras cerraduras, con quien nos sintamos tan seguros que les dejemos abrirlas sin temor, con quien resurja nuestro verdadero yo y podamos ser nosotros mismos…

Es algo mejor que un amor porque cada uno descubre una parte del otro sin necesidad de que medien las palabras y con la necesidad de que medie una vida repleta de permanencia. Una complicidad se alcanza con esa persona a las que te agarra para no dejar que se te escape el presente a la vez que piensas en todo lo que te espera.

Hay quien les llama personas hogar, pues te brindan la calidez de un abrazo que reconforta y el placer de coleccionar los motivos y la fuerza necesarias para hacer frente al día a día y lidiar con la vida.

Para la complicidad no hay secretos en las miradas, en los gestos o en los abrazos. Son esas personas que saben que aunque les digamos que todo está bien saben que no lo está. De hecho, probablemente ni siquiera necesiten mirarnos ni escucharnos hablar.  

No son adivinas pero nos comprenden más allá de los espejismos y las apariencias. Ése "aunque te pongas las gafas de sol y me sonrías, sé cómo estás".


Basta con el aire que se respira para saber que la conexión es pura fantasía, que va más allá de una sonrisa sincera o de una mirada sabia. Entre dos personas cómplices se crea una atmósfera que se convierte en una suerte que enlaza los sentimientos y los corazones.

Un alma gemela es aquella persona que te hace reír y sonreír sin decir absolutamente nada. Es una persona que está ahí, que no te abandona, que se enorgullece de lo que consigues y de quién eres a la vez que no tiene pudor en decirte lo que piensa ni en llamarte la atención si te equivocas.

No quiere decir que no vaya a haber malos entendidos ni discusiones, pero incluso una pelea cómplice puede derribar nuestros muros de contención. Esto solo ocurre cuando esa persona es alguien que te cuestiona y que no está en tu vida de manera silenciosa, alguien que marca un antes para el que no hay después y que inunda cada instante de ternura.

La complicidad permite aceptar sin exigencias ni hiperapegos, sin necesidad de cambiar nuestra esencia ni de complacer necesidades infantiles o extremas. Entonces se construyen vibraciones que se complementan a la perfección, de la misma manera que un secreto compartido le guiña el ojo a la incondicionalidad del alma.

"Por todo estoy y más, siempre diré ¡QUÉ BONITO NOMBRE TIENES... COMPLICIDAD!"