viernes, 3 de marzo de 2017

Shakespeare in sex

Para estar ad hoc con las sombras y las diosas interiores que a veces se desatan como si fueran luciérnagas en fuga, hemos de hablar entonces de cuán arruinado estaría Shakespeare en nuestros días porque ya es de todos sabido que de amor no se muere nadie, más bien se pasa mal de desamor y tal pareciese que también ahora morimos de ganas de un placer extremo, que unos tildarán de masoquismo, otros de abuso, para algunos será la panacea y otros no entenderán de qué hablo (estos serán los menos, se los aseguro).
Ahora es más común emplear términos como dominados, sumisos y hay que ir al corriente porque te puedes ver en medio de una charla en pleno café y parecer que hablan de gusanos espaciales o de física cuántica, y quedarte con cara de idiota.
Los dominados son aquellos, que entre otras acepciones, tienen poder sobre personas o cosas, mientras que los sumisos son los que se someten y se dejan dominar por la fuerza de las circunstancias o por otras personas aceptando, sin cuestionarlos, su autoridad y su voluntad.
Dejemos claro que aquí sólo hablamos del tema de la sexualidad en pareja. En la mayoría de las acciones manifestamos la sexualidad ya sea desde la forma de vestir, hablar, caminar o al demostrar afectos, al relacionarnos con los demás y al buscar la intimidad y el placer.  Es decir, la sexualidad forma parte de cualquier expresión humana, queda claro que disfrutar de una sexualidad satisfactoria y sin riesgos para ti y tu pareja es clave para una salud física y mental y un desenvolvimiento positivo de tu relación.
Dado lo anterior, habrá parejas que decidan de mutuo acuerdo explorar su sexualidad a través de amarres, correas, palabras soeces, piruetas al estilo kamasutra o nalgadas a “lo niño regañado”, otras parejas, en cambio, apostarán por una sexualidad tierna, con rosas, velas, caricias, música de fondo, abrazos y besos interminables. ¿Pero quién dice que son posturas excluyentes? Conozco a muchas que juegan a interpretar ambos roles según el mood de ocasión, sin que por ello se autodefinan como “sádicos” o “empalagosos”.
En fin, que para gusto, colores, a quién le sirva la versión Grey, entérate, puede que no vayas acorde a las normas estipuladas y como diría Joaquín Sabina “Te acusarán, te acusarán,….. de ser el loco en el país de los cuerdos”, pero es un precio muy accesible de pagar por un momento que para ti y tu pareja serán inolvidables si así lo deciden. Si vas de Romeo, tranquilo, que el romanticismo sigue estando de moda en los corazones enamorados, por mi parte no me limitaré y prometo no cuestionarme ni por una vez cuál versión aflora más en mí. Al final las etiquetas no se me dan muy bien. 
¿Y a ti qué versión te funciona: Romeo, Grey o ambas?

1 comentario:

  1. Yo, el sexo lo entiendo como cosa de dos, Tres somos multitud, sin dominancias ni dominados. El rollo sado no me va, porque es una superflualidad y mucho atrezzo. Imprescindible, libertad, imaginación, sorpresa, curiosidad y creatividad mediadas por la espontaeidad no cabe la imposición,si no la invitación, la aceptación y el respeto. Nada de segmentación ni programacion. El sábado sabadete lo arruina todo. Cuando existe confidencialidad, y se cierra la puerta de donde se esté, tras mirar a los ojos de la pareja se abre un mundo nuevo a la fantasía, la sensualidad y el resto del mundo que queda fuera deja de existir, comienza la mágia. Es un dejarse llevar por las sensaciones y sentimientos, que marcan los tempos con los que el concierto, la sinfonía de sensaciones deben sonar. No hay limites ni tiempo que no sean esa mirada inicial que marca el comienzo y la ternura del abrazo final por el agotamiento tras el que puede venir, el volver a empezar.

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