domingo, 29 de enero de 2017

Una mala mujer


Quisiera decir que siempre me he podido describir así, que siempre he sido esa ¨mala¨ mujer y que siempre he tenido en mis manos el timón de mi vida. Sin embargo, hasta hace algún tiempo era otra. Una chica tan loca movida por sus impulsos, tan espontánea e irracional, amante de los riesgos y la adrenalina, sin miedo a nada y viviendo la vida con alegría, creyente de que el amor siempre es y será el mejor motor, que no hay mejor estado de ánimo que el estar enamorada y que la verdadera felicidad te la da el ser amado. Pero entonces, un día inesperado todo cambió.

Dicen que de los errores se aprende y que uno viene a este mundo a equivocarse, sin embargo, comencé a equivocarme con mucha frecuencia y lo peor era que parecía no aprender de cada tropiezo. Comencé a amar a personas que no lo merecían, comencé a olvidarme de amarme a mí misma. Empecé a dar todo a manos llenas y a cambio sólo recibía falsas esperanzas, las mismas que se esfumaban, inclusive llegué a conformarme con migajas. Tonta e ingenuamente siempre estuve ahí para aquellos que me necesitaban y cuando yo los necesité… se marcharon. Me entregué entera sin importar que conmigo se dieran a medias. Me esforcé por dar siempre la mejor versión de mí, por hacer de lo imposible lo posible y perdoné tantas veces que perdí la cuenta y en mi menor error, sólo fui juzgada.

Fui de las mujeres que se entregan completas, que saben amar como ya pocos merecen. Fui de las que conquistan con detalles, con tiernas palabras y dulces mensajes, de las que muestran preocupación e interés por el ser amado, de las que aunque la situación se ponga difícil no se hace a un lado. Esas que siempre están disponibles para el que aman, que lo anteponen hasta por encima de sí misma. De las que dan a manos llenas. De las que regalan sueños y sonrisas. Fui en algún momento, pero ahora ya no. ¿Qué me pasó? Dejé de creer en el amor, me rompieron una y otra vez el corazón. 

No puedo recordar en que momento me perdí, mis conquistas comenzaron a ser mal elegidas. Comencé a pensar en el pasado y aunque ya no tuviera nada nuevo que contarme u ofrecerme, volvía allí por alguna extraña razón. Y por más que me rompieran, continuaba creyendo en el amor, me entregaba aun con mis heridas abiertas. Creí mentiras y perdoné errores, errores tan graves que más me rasgaban el alma. Perdoné engaños y entre tanta estupidez, comencé a bajar la mirada y tragarme palabras.

No culpo a nadie, las malas decisiones las fui tomando yo y con ellas cada vez me rasgué más el corazón. Y un día ya no pude más, me rompí completa, toqué fondo e hice trizas cada parte de mi ser. Me ahogué con mis propias lágrimas, escondí las sonrisas y tiré a la basura las esperanzas. Cada uno de mis sueños se esfumó, perdí el brillo de mi mirada y mi sonrisa simplemente se apagó. Llegué a odiarme tanto como nunca había odiado a nadie, no podía creer cuántas veces me fallé, cuántas veces me decepcioné, cuántas veces me prometí y no me cumplí y cuántas veces dije que sería la última vez y no fue así. Y así fue como me convertí en otra mujer, una completamente distinta a la que fui. Mucho me costó levantarme pero finalmente me reconstruí. Dicen que me volví fría, insensible, pero nadie sabe que hay detrás de mi nuevo yo y cuántas cicatrices llevo en el corazón. Me prometí no volver a llorar y ésta vez lo tengo que cumplir. No volverme a fallar...

“La mayoría determina que detrás de una persona fría sólo hay una mala experiencia en el amor pero…”

La mía no había sido sólo una mala experiencia, eran muchas, tantas que perdí la cuenta. Fueron muchas traiciones, muchas mentiras, engaños, tantos dolores que creo que finalmente me anestesié. Hoy finalmente el sol ha salido nuevamente para mí y es que puedo ver que nunca merecí lo que viví. Yo me entregaba sinceramente y a cambio sólo recibía traición. Y como si fuese un mal chiste siempre se repetía la misma acción, pasaba inesperadamente a ser la segunda opción. La mujer que los reconstruía pero a la cual destruían.

Ahora la nueva mujer que soy, la "mala" que la gente apoda, se ha olvidado completamente de amar, definitivamente me niego a algún día volverme a enamorar. No deseo sentir, no deseo confiar y no deseo volverme a entregar jamás. Y es que cuando se ama de la forma en que amé yo y se deposita toda la confianza en el ser amado y sólo te lastiman y te rompen el corazón, difícilmente uno puede creer que la próxima vez no será igual. Yo simplemente ya no me arriesgo y ya no me la juego por nadie, la apuesta más alta la he hecho por mí misma y no voy a perder esta partida.

No derribaré ningún muro de los que he puesto en mi corazón, mucho menos para que en él entre cualquier "cabrón". Todos dicen que soy "mala", pero se perfectamente que sólo sigo lastimada aunque aparentemente ya no. Me pesa el pasado y tengo heridas que aún no han cicatrizado. Muchos podrán criticarme o juzgarme pero aprendí que nunca debe de importar el qué dirán, nadie conoce verdaderamente mi historia y por todo lo que pasé para ser llamada "una mala mujer". Sólo yo me puedo juzgar, me puedo aplaudir y me puedo alentar a continuar, sólo yo conozco mis demonios, mis miedos, mis sombras y cada herida que tengo. No importa lo que digan los demás, fui y tal vez aun soy, una mujer con una gran capacidad para amar.

No he de negar, que pasado el tiempo me he vuelto a entusiasmar, pero siempre ocurre lo mismo: salgo huyendo apenas me despiertan algún sentimiento. Si, ¡soy una cobarde! Que no le hace frente a lo que quiere y siente, pero no he de permitir que alguien me vuelva a lastimar y eche abajo lo que tanto me costó levantar. Sé que dentro de mí aún está la mujer que alguna vez fui, sin embargo, de ahí no habrá de salir. He elegido la libertad y soledad a costa de mi "felicidad", sin importar que muy en el fondo desee volverme a enamorar y entregar. Hoy mi libertad e independencia aleja a los hombres, no importa cuánto luchen por quererme conquistar, en mi predominan la seguridad, la rebeldía y el desinterés. Me he de olvidar del sueño de ser amada, respetada y valorada, a veces hay precios altos que pagar, y yo lo he de pagar con tal de que no me vuelvan a lastimar. Me hirieron tanto que el amor perdió encanto y tal vez falsamente soy feliz, mostrándome así como una "mala mujer", aunque por dentro sólo sea un alma rota deseando que la vuelvan a reconstruir.

Tal vez un día no muy lejano lo haré, volveré a amar. Terminaré por bajar la guardia ante un hombre que de verdad me quiera conquistar, un hombre de verdad, que desee amar y ser amado, que me valore, me respete y me haga sentir especial a diario. Un hombre que me demuestre que no todos son iguales. Un hombre que me lama heridas y las sane. Que me proteja incluso de mi misma y que con paciencia y amor me ayude a ser, la mujer que alguna vez  fui.

viernes, 27 de enero de 2017

Dejando estereotipos a un lado



Cuando escucho a una mujer decir que “todos los hombres son iguales”, me da por pensar en qué se basa para hacer tal afirmación, ¿será realmente que los conoce a todos?. Es que digo, si no es así, por qué generalizar de tal manera. Lo cierto es que todo hombre busca sexo, pero no todos buscan sólo eso, ese es un impulso primitivo y biológico del ser humano, y especialmente de los hombres. Además, no nos hagamos tontos, también las mujeres buscamos sexo.

Pues bien, a lo que voy es a lo siguiente, no todos los hombres son iguales, tal vez los veas así porque les tienes un resentimiento generalizado. Porque los que te han tocado son similares… ¡vaya por Dios!, porque quizás tú los buscas iguales, tú los eliges así. Esto requiere madurez para entenderlo. ¿Qué tipo de hombres han estado en tu vida?, ¿cómo eran tus hermanos?, ¿qué tipo de padre tuviste?, ¿qué tipo de hombres te rodearon en tu infancia y adolescencia?. Esto no es hacerla de Sigmund Freud ni de entrar en Complejos de Elektra, es simple lógica, ¡vas a buscar lo que conoces!. Es entonces cuando debes ver realmente, qué quieres tú.


El amor, contrariamente de lo que pensamos la mayoría, no es sólo cosa de mujeres. Aunque les parezca mentira, en el siglo XXI, sigue habiendo hombres de carne y hueso que aman, que sufren, que lloran, que se decepcionan, pero sobre todo, que quieren ser amados. Y me consta, yo, conozco a muchos. Y me consta, porque los he visto amar como los que más.


Sí, es verdad, ellos tratarán de esconder y aparentar que no sufren de inseguridad, complejos o miedos, y asegurarán que no guardan secretos. Sin embargo…¿acaso no son seres humanos al igual que nosotras?. A ellos se les ha obligado (al menos moral y socialmente) a nunca mostrar sentimientos “débiles” o negativos, porque según esto no sería un hombre de verdad. Cuántas veces no señalan a los hombres fieles y entregados haciéndolos quedar como imbéciles por no aprovechar las nalgas que les ofrecen. Creo que de sobra ya sabemos qué actitudes se hacen notar y forzar a tener a los hombres hoy en día.


Pero no nos engañemos, los hombres también tiene miedos, angustias, momentos alegres y tristes. No hay que generalizar, los estereotipos son aberrantes para cualquier sexo. También lloran, les duele algo… es sólo que a veces, se ocultan para llorar o lo hacen de noche. Hay hombres que de verdad reprimen tanto su llanto que matan su sensibilidad, por lo que se vuelven fríos, secos, muertos y estos sí, difícilmente lloran. Sencillamente, ellos la tristeza la muestran de modos muy diferentes a lo que se podría esperar.


Hay hombres que necesitan amor y le ponen amor a todo lo que hacen. Hay hombres que sienten flechazos y se enamoran en un instante. Hay hombres que se angustian esperando una respuesta. Hay hombres que se reservan para una mujer especial y hombres a los que le rompen el corazón. Hay hombres que lloran y que no olvidan a pesar del tiempo y la distancia. Hay hombres que son utilizados por las mujeres e, incluso, despreciados. Hay hombres que cuestionan a las mujeres el significado del amor. Y hombres que creen en el amor dividido, el del cuerpo y el del alma.


Hay hombres que adoran a sus madres y con ellas se confiesan. Hay hombres que escriben poemas. Hay hombres que llevan la cuenta de las mujeres que pasan por su vida, recuerdan los detalles y los anotan en un diario. Hay hombres a los que les emociona que otros se amen, hombres enamorados del amor. Hay hombres que no se conforman con la intimidad, se sienten vacíos y necesitan algo más. Hay hombres que aman en silencio. Hay hombres que son felices cuando ella lo es. Hay hombres dispuestos a esperar más de cincuenta años por el amor de su vida.


Hay hombres que no buscan en una mujer sólo una noche de placer, buscan una noche para querer, para amar, les interesa algo puro y verdadero. Hay hombres que saben tratar y sobre todo respetar a una mujer, saben darle sentido al amor, incluso dejan de hacer lo que es primero, para darle el primer lugar a la mujer que aman. Hay hombres que saben ver más allá de lo físico, que saben de ternura y corazones sinceros, que saben ser vulnerables y entregar su alma, hombres que también hacen suyo el dolor de su mujer. Hay hombres que recogen a esas mujeres rotas y las recomponen -o intentan recomponerlas- con su dedicación, con sus mimos y un amor infinito.


Quizás no todos los hombres son tan sensibles, pero muchos confiesan que aman los abrazos fuertes y los besos con ternura. Abrazarse con su pareja en la oscuridad y una buena música de fondo también es agradable para ellos. También a ellos les gusta abrazar a una mujer en la cama o el sofá, porque saben que eso a las mujeres nos hace sentirnos más seguras de la relación.


En lo que si hago énfasis, es que los hombres tienen una facilidad digna de estudio científico de reconstruir sus vidas o demostrar lo bien que lo están pasando sin nosotras al terminar una relación, pero no es así, para ellos tampoco es tan sencillo recuperarse fácilmente de una ruptura amorosa, puede que se estén cayendo de dolor, es sólo que son más razonables para afrontarlo.


En fin. Los hombres también sienten y expresan, tal vez no como las mujeres ni como parece que debería salir una emoción. Pero lo hacen. Mujeres, si no están dispuestas a ver a un hombre más allá de lo que la sociedad o sus malas decisiones han establecido, tampoco exijan hombres sensibles. Ellos también quieren que ustedes los apoyen, los entiendan, los comprendan y ¿por qué no?, que también sequen sus lágrimas. Ahora, si están emparejadas con una vil piedra, ¿qué diablos hacen ahí?.


Las invito a la reflexión, de si en verdad vale la pena reprimir y matar esa parte tan hermosa que es la sensibilidad y la expresión de las emociones masculinas. No quiero decir que los hombres sean perfectos (vaya que me ha tocado conocer cada cabrón), también cometen errores (y muchísimos) en las cosas del corazón, son fríos y calculadores, a veces; intensos y románticos en otras ocasiones, pero sobre todo… aman, y aman hasta el dolor más desgarrador.


Así que la próxima vez que digas que todos los hombres son iguales, mejor di : “no, no todos son iguales, los busco iguales.”

sábado, 21 de enero de 2017

La Calendaria


Señoras y Señores, queda una vez más confirmada la teoría de Einstein... "Sólo hay dos cosas infinitas, el mundo y la estupidez humana, y de la primera no estoy seguro."

Pues eso, de forma contundente e irrefutable, estas "miembras" de la Universidad de Granada se han ganado a pulso el Honoris Causa a la Estupidez Humana por mayoría absoluta, arrasando. Y sí, he dicho Universidad, no se me asusten, que de todo hay en la viña del Señor. 

No me cabe ninguna duda que dicho premio, que aquí la presente les otorga, es realmente justo y sin un atisbo de discusión por parte de la no cualificada población en cuanto a igualdad se refiere, nada diestra en la materia. Porque en el tema de la igualdad, todo vale, de pensamiento, palabra, obra u omisión. 

Adentrándonos en el tema, la feliz idea de estas "miembras", se me antoja complicado referirme a ellas en otro término, ha sido crear un calendario anual. ¡Perdón! Digamos mejor una calendaria, por ponernos a la altura de dicha idea, vaya que se nos ofendan y nos asalten teta en mano mientras paseamos el domingo con la familia.

Nos han tirado por tierra aquello que nos enseñaban en clase de Lengua Castellana del masculino y femenino. ¡Vaya pérdida de tiempo la nuestra al estudiar el género de las palabras! Ahora todo debe ser femenino si o si, porque para eso tenemos el derecho a la igualdad. 

Ahora resulta que los meses del año, masculinos de todo la vida, son femeninos... ¡Ay omá, a aprendérnoslo de nuevo! Enera, Febrera, Marza, Aprila... hasta Diciembra. Toma ya del frasco, y se han quedado tan campantes, tanto que se sentirán hasta orgullosas. 

A ver, almas de cántaro, el mes es un sustantivo masculino singular de toa la vía de Dios, que lo vuestro ya no es rizar el rizo, es re-rizarlo. Y, o bien yo tengo un tirito dado o a ustedes os faltan unos cuantos hervores. Y como Einstein, me inclino claramente por lo segundo.

Y como no soy nada tibia sino de sangre caliente, no me callo y opino, me mojo hasta las trancas y os digo que os habéis pasado diez pueblos, que ya no es estupidez humana, ni siquiera sublime, es gilipollez al cubo, que si en mi mano estuviera os daba unos cuantos cosquis a ver si se os espabila de una puñetera vez eso que lleváis en la cabeza que se llama cerebro.

Sois unas mamarrachas, no me representáis como mujer, es más, me avergüenza, que si esto es igualdad, yo soy cura y doy misa los domingos a la diez en la parroquia de mi barrio. 

Y que por más estupideces que os saquéis de vuestras mangas, hay hombres y mujeres, y no somos ni seremos iguales NUNCA, y no me refiero a derechos sino a la propia naturaleza humana. Así que, ni Calendaria, ni Marza ni Diciembre, dejad de perder el tiempo que la vida es muy corta para tirarla a la basura con vuestras sartas de sandeces.

Y por último y sin acritud, SOIS TONTAS DEL MISMISIMO CULO... ¿O CULA? A saber, ya me he liado... 












viernes, 18 de noviembre de 2016

El sabor mágico del Otoño



Y el otoño ha llegado oficialmente, en el ambiente, ya se empieza a respirar un aire distinto... Hay otros aromas a nuestro alrededor y éstos nos transportan a otros momentos. Las hojas ya están cambiando de color, el viento sopla de forma distinta, los atardeceres son de un ocre más intenso y ya comenzamos a vestir alguna que otra prenda más. Las chaquetas con bolsillos, hacen su aparición.


Me gusta pensar que en esta época, lo que nos rodea, lo que parece invisible a los ojos, se nos hace más evidente y logra no pasar desapercibido, moviendo dentro de nosotros algo especial.



Estamos en ese tiempo del año, en que lo que apetece refugiarse es casa más temprano, escuchar música, viajar mentalmente a otros rincones del mundo, y observar a la naturaleza.


Cada otoño es diferente, pero a las personas que nos han institucionalizado yendo al colegio, no podemos evitar pensar en el olor a lápices nuevos, en estrenar un estuche o una mochila, en cuadernos nuevos, en el olor a goma de borrar, en las tizas que había en las escuelas, en los libros nuevos y prestados...

Aunque hayan pasado ya muchas lunas desde que no voy al colegio, sin duda, sigue habiendo dentro de mí una niña que busca ese Septiembre. Pero también existe la "adulta" que ahora disfruta de los paseos en bici, descubriendo el color rojizo de las bayas que hay alrededor, viendo como los árboles deciden esperar a enrojecer, o cómo el manzano espera pacientemente, a que pase el veranillo de San Miguel, para ofrecernos manzanas rojas, amarillas, reinetas, etc. Sin duda es una época de contraste en los colores. ¡Que viven y resaltan con intensidad! El Otoño, es ese largo atardecer, que la vida nos regala, y que lo hace siempre al despedirse, antes de entrar en un letargo diferente...


Por eso os invito a encontrarnos con el Otoño, que cada persona se le presenta... Puede ser de mantita, acogedor, con tazas de café rondando por doquier y libros que esperan a ser leídos y subrayados o comentados, con alguna que otra alma gemela que se acerque... O tal vez, vuelve a ser el Otoño de antaño, porque pequeñas personitas inician su recorrido por primera vez con los lápices y todo lo que nos recuerda a esos momentos escolares que nos acompañan de nuevo al vivirlos otra vez... O quizás, es el Otoño de la reflexión, de pasear por la naturaleza, por rincones desconocidos, tal vez, haciendo senderismo o acercándonos a los árboles y descubriendo los cambios que están experimentando...

Pero sin duda, el Otoño es la época de la melancolía, esa en la que brotan de manera natural las vivencias agolpadas en nuestra cabecita, bien guardadas en un baúl del que manan recuerdos...

sábado, 8 de octubre de 2016

Y de repente, un extraño

Caminas por la vida con el corazón roto, lleno de tiritas tapando heridas, desilusionado, frío y jurando que nunca más volverás a creer en el amor, sólo hace daño, tarde o temprano dolerá. Estás completamente convencida que los "príncipes azules" no existen, ni siquiera desteñidos. Te prometes una y otra vez, que nunca más dejarás que alguien te vuelva a dañar como lo han hecho en el pasado, y sin pensarlo, haces un pacto de sangre con tu amiga soledad, después de todo, ella nunca te va a defraudar, será tu más fiel compañera. Dejas de buscar, no deseas nadie nuevo y creas una muralla cual fortín a tu alrededor para evitar que alguien se acerque, dejas de creer que realmente exista una persona que pueda ver y valorar lo que eres, alguien que pueda amarte como te mereces y te demuestre que el amor sí existe. 
Y de pronto, sin esperarlo y de esa manera en la que la vida nos sorprende a veces, llega alguien a tu vida y la revoluciona. Sin pensarlo, sin quererlo, sin buscarlo, sin tenerlo previsto. E inevitablemente, te crea un verdadero caos, porque poco a poco se va metiendo y comienza a derribar eso muralla que tanto te protegía, y te da miedo, y tanto, te prometiste tanta veces ni una vez más, que lo único que se te ocurre, es salir corriendo. Pero algo te detiene, se apodera de ti es impaciencia y curiosidad por descubrir ese universo nuevo para ti. Y empiezas a darte cuenta de que alguien que cambia tu vida, la revoluciona  y te hace empezar a ver las cosas distintas, no es casualidad, son muchísimas casualidades juntas. Y la casualidad, a veces, es muy valiente...
Por supuesto que al principio te asaltan las dudas y te preguntas si quizás es simplemente otra persona más que volverá a hacerte daño. Y ves como lo negativo se va desvaneciendo, porque te sientes feliz, sí, feliz de verdad, y cualquier pensamiento se vuelve optimista. Y es que la vida no tiene porqué ser difícil y complicada. Somos nosotros, los seres humanos los que complicamos todo. Nos gusta darle miles de vueltas a cada pensamiento, buscarle significados ocultos a cada frase y dudar infinitamente de todo. Pero lo comprendes y te das cuenta de que eso, ya no es necesario. Que todo es claro y simplemente genial, que tu corazón merece una oportunidad y lo abrirás poco a poco para dejar que esa persona entre.
Y descubres que es el tipo que siempre has deseado tener en tu vida, porque al fin entiendes, que la pasión es compatible con la admiración, el humor y la ternura. Porque cuando hablas, te escucha de verdad, y ante sus ojos, nunca te sientes estúpida porque no te juzga, porque no ve en ti a alguien sólo para divertirse. Porque nunca te habías sentido tan bien en compañía de alguien, ni tampoco sabías que se pudiera sentir un sentimiento parecido por alguien. Porque estar a su lado te trasmite la paz y la tranquilidad que siempre necesitaste. Sabes que no hay lugar en el mundo en el que puedas estar más segura que entre sus brazos, agarrada fuerte de su mano. Que no hay nada más bonito que darle un beso, mirarle a la cara y decirle cuánto le amas. Sientes que a su lado las cosas son más sencillas porque lo hace todo más práctico y divertido. Y que, aunque a veces, las cosas se pongan difíciles, te impulsa a luchar, a sacar la mejor versión de ti, a no darte nunca por vencida. Te enseña a disfrutar del presente, a soltar el pasado y te ha inculcado el maravilloso poder del ahora. Hace que tu risa sea más fuerte y tus ojos más brillantes. Te cambia la vida desnudando tus miedos, abrazando tus demonios y besando tus defectos. Toca tu alma de tal manera, que quizás sin quererlo, repara tu corazón. Indudablemente, marca un antes y un después en tu vida, produciendo una catarsis en tu ser… Te hacer creer nuevamente en el amor.

Y es así, como de pronto llega esa persona, la que no imaginamos, la que no buscamos, pero la que siempre estuvimos esperando y se nos terminan las palabras para explicar el amor que sentimos. Sólo sé que hay personas que, simplemente, aparecen, te iluminan la vida y la hacen mucho mejor. Y él, es una de ellas.


Chocazo de realidad


Eres guapa, o quizás sólo muy atractiva. Tu Facebook y tu Instagram están poblados de fotos tuyas en mil y una poses. En serio, eres realmente guapa o verdaderamente atractiva. Tienes un cuerpazo moldeado a base de sacrificio en comidas limitadas y horas de gimnasio, demuestras tener fuerza de voluntad en las cosas que te interesan. Admiro esa capacidad tuya de mantener una sonrisa perfecta para cada foto, de conocer tus mejores ángulos y no dejar que ninguna circunstancia muestre ni por asomo ninguna falta de perfección. Porque eres tan guapa, o tan increíblemente atractiva, que nadie puede dejar de poner sus ojos en ti. 

A veces apareces acompañada de ese chico, sí, ese que es como tu alma gemela, como tu versión masculina de perfecta belleza. Hacéis tan buena pareja…

Pero entonces sales de tus redes sociales, regresas a tu habitación y, al cerrar los ojos para dormir, sientes el frío desasosiego del vacío. Esa es la realidad, que te acosa y te amenaza, que te nubla la vista y destroza tus sueños. Todo deja de ser perfecto. Ya no hay poses ni modelos, no hay más “like” que el que debes darte a ti misma frente al espejo de tu conciencia. Hubieras querido ser algo más, añoras tener una familia o disfrutarla más, unos amigos de verdad con los que reír con el café de la mañana, un novio sencillo que piense más en hacerte feliz que en ser feliz contigo, unos estudios o, mejor, una mente que deslumbre. Echas de menos ser más auténtica y no tener que justificar una vida de escaparate, falsamente ajustada con los alfileres que no se ven sobre el maniquí en el que te has convertido.

Y te cabrea que nadie valore cómo eres en esa realidad que descubres cada noche al acostarte, que nadie sepa cómo te emociona una mirada, un gesto, una palabra a tiempo, un paisaje… No soportas que lo que más valoras de ti pase desapercibido para los demás. Pero es que fuiste tú la que decidió poner frente al público todo eso que los demás ven, elegiste complacer antes que complacerte. Ahora que tus ojos se cierran vencidos por el cansancio del largo día, querrías abrirlos a otra realidad más humana y verdadera, pero no te quedan fuerzas. Tal vez mañana sea el día. En el fondo sabes que volverás a amanecer entregada a la falsa perfección que te aleja de tu ser más verdadero, porque tienes miedo de que esta sociedad no te acepte tal y como eres, que los demás te sientan débil o, simplemente, distinta. No quieres alejarte de los modelos que alguien, qué sabe nadie, quién sabe quién, ha dispuesto para ti y los que viven en ese mundo tuyo.

Llevo un rato viendo tus fotos. Les encantas. Eres tan guapa, o al menos tan atractiva, para todos. Pero puedo sentir ese grito ahogado de tu realidad intentado salir de ti, asomando casi a tus labios tan perfectos en esa sonrisa tan perfecta como falsa y entonces es cuando de verdad te vuelves atractiva para mí, porque me encantaría darte la mano para sacarte de ese pozo donde te hundes con cada publicación vacía pero bonita. Ya, mis manos no son perfectas, ni abrazan pesas por gimnasios ni sujetan botes de batidos milagrosos, pero mis manos son más fuertes que ésas porque sujetan vidas, porque traen felicidad a quien las toma, porque siempre están abiertas para dar…

Ya lo sabes, estás a tiempo, despierta y regresa a ti. Si te da miedo, toma mi mano. Prometo no soltarte hasta que puedas caminar sola de nuevo por el mundo real y seas auténticamente guapa, aunque sólo lo seas para ti y nunca dejes de serlo para mí...

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Te lo cuento o te lo explico...

Mis verdades y yo, seguramente no serán grandes verdades, tal vez para alguien ni si quiera sean verdad. Tampoco es algo tan importante, a mi me valen, a mi me curan, o tal vez, me avivan las heridas... ¡Depende del momento!

Intentando ser normal... Escondiendo mis respuestas en el fondo del armario, de donde creo, que no deberían haber salido.

Los bares nos han descubierto, nos abren los brazos y nos dejan ahogar miserias entre sus barras. No es una solución cambiar, lo sé, pero las fuerzas ya no son lo que eran y yo tampoco, quizás los años me volvieron cobarde o tal vez, no fueron los años...

Mi vida está plagada de equivocaciones, me equivoqué esperando que un lobo se vistiera no de cordero, sino de persona. Evidentemente no lo hizo, y yo me vi en demasiados callejones, me reconocí en demasiadas miserias. Pero aquello, el final de aquello, era una ventana llena de esperanza. Suena estúpido, pero... volver a ser, era todo un reto. Recuperar las cosas perdidas, empezar desde cero, o desde menos diez. ¡No importa! Era volver a sentir a pesar de lo que dolía, había demasiadas esperanzas como para bajar los brazos.

Ahora, las esperanzas no aparecen, los retos, ya no están. No hay nada que volver a ser, porque llegué a serlo, volví a ser Yo, sin corazas, sin caretas, sin mentiras. Volví a ser la imagen del espejo y mis verdades a bocajarro. Volví a ser, sin más.

El fracaso ahora, es una cruel conclusión, porque ya no hay posibilidad de cambio, ya no hay disfraz al que echarle la culpa. El fracaso es mío, no abandoné mis sueños, no cambié para buscar complicidad, no alteré mi carácter para evitar conflictos, fui simplemente yo... Y no sabría explicar porqué esa primera persona del singular, ahora, no encuentra tiempo verbal en el que reconstruirse. Absurdo quizás... seguramente.

Y aun así, me empeño, doy pasos, camino, hago planes y alquilo habitaciones en castillos de arena, aunque quizás, las pido sin ventanas...